miércoles, 22 de octubre de 2008

¡JUSTICIA!


AL PAN, PAN; AL VINO, VINO

¡Un filósofo del derecho por aquí, otro por allá, por favor..!

¡JUSTICIA! Todos pidieron y aún claman por ella.
Los familiares, vecinos y conocidos de María Soledad; de José Luis; de Matías; de Paulina; de Juan; de Pedro; de los desaparecidos; de las violadas; de los que sufrieron atentados; de los asesinados; de los asfixiados; de los asaltados; de los abatidos; de los atropellados; de los despojados; de los desposeídos; de los abusados; de los mal acusados; de los...
¿Pero qué es la Justicia? ¿Dónde está? ¿Por qué no aparece? ¿La mujer con los ojos vendados, la espada en una mano y la balanza en la otra? ¿O no existe, es un cuento de fantasía y se organizan marchas sólo para atenuar el agobio por el dolor y las penas?
Resulta deprimente. No sólo que haya dolor y penas, que generalmente sentimos como ajenas, sino que hayan ocurrido todos esos casos, que se repiten tanto en distintos lugares, y en su mayoría sin que aparezca la bendita Justicia.
¿Dónde está el problema? ¿En la sociedad, en los gobiernos de turno, en el índice de delincuencia, en la desocupación, en los políticos, en los economistas, en el abuso de poder...? Hay para mencionar muchísimos factores más. Y en cada uno encontraremos una parte del problema.
La respuesta sería que todo es la resultante de nuestro sistema de vida. De nuestra organización familiar, social, política, económica, religiosa, donde el principio de dar a cada uno lo suyo (JUSTICIA) no se hace realidad, o resulta una utopía, un ideal inalcanzable.
O quizás, también, algunos intereses e interesados desplazan intencionalmente el principio, por lo que la Justicia no llega para todos.
En definitiva, cada uno NO tiene lo suyo; o algunos más, otros menos; o a alguno le tocó algo que le correspondía a otro; o alguien escondió o se apropió de algo para que no llegue al otro... El eterno problema, de todos los tiempos, en todo lugar.
¿Quiénes podrían dar respuestas? Posiblemente los buenos filósofos, para que cuestionen todo y a todos.
Si buscamos en lo individual, vemos que tiene mucha relación con la moral. Según nuestro desarrollo moral, quizás nosotros mismos podríamos considerar nuestras conductas justas o no. ¿O NO? ¿Y qué de nuestras conductas en interferencia intersubjetiva? ¿Estará en el derecho la respuesta al problema de la Justicia (o injusticia)?
Si consideramos las múltiples manifestaciones por Justicia, no apuntan directamente al Poder Judicial, considerado el estamento que impone, administra o establece la Justicia.
En realidad administra jurisdiccionalmente (y más bien procesalmente) las leyes (consideradas en diversas circunstancias, o para algunos más que para otros, injustas) que establecía en algún tiempo el Poder Legislativo e impone el Ejecutivo.
¿Podemos hablar de moral o ética en el ejercicio de poder de este sistema, o de quienes ejercen ese poder? ¿Es el poder en sí mismo garantía de Justicia? De ninguna manera. TODO LO CONTRARIO...
Al pan, pan; al vino, vino. Como están las cosas actualmente, la Justicia no reside en el Poder Judicial. Es evidente. Y tampoco la administra, porque el sistema no le permite, se olvidaron de su concepto, no les conviene, sólo se manejan con leyes dictadas e impuestas por otros poderes, o simplemente porque sólo asumen el concepto de “Poder” para, quizás, “poder” hacer lo que convenga a propios intereses y al de otros que detentan distintos poderes, violando (en algunos, muchos o todos los casos) sistemática, flagrante y abusivamente el principio de Justicia.
¡Por favor, los filósofos, ¿dónde están? “Un filósofo por aquí, otro por allá...”, para tratar de salvar la República! Quizás ellos puedan hacer mejores intentos para llegar a la VERDAD y a la JUSTICIA. Entre otros verdaderos, sanos y humanos principios... O principios de los verdaderos Derechos Humanos.
Haría falta cuestionar a todos y por todo. A funcionarios, legisladores, jueces, políticos, gremialistas, militares, religiosos... ¡Y como de paso, por qué no a nosotros mismos...?
(Escrito a fines de 2007).