lunes, 28 de diciembre de 2009

DE MIEL A ROCIO (2)



LA HIGUERA Y EL APOCALYPSIS
(2ª entrega)

Desde ahora realizaré sucesivas entregas del Libro I de mi novela “La higuera y el apocalypsis” en este blog. Antes aún de publicarla en un “librog” o “liblog”, como denominaría al libro por su edición previa en Internet. Es una manera de agradecer por estos sitios, que para mí son extraordinarios por la difusión intensiva y extensiva de los trabajos. Incluso confío plenamente como registro fehaciente de fecha de publicación y derechos de autor, contra el plagio y otras posibles irregularidades.

La primera parte fue publicada en octubre de 2008, y los invito a leer directamente:

http://editornoroestino.blogspot.com/2008_10_01_archive.html

A continuación, la segunda entrega:

XXIX

El primer día en el restaurante ya me pusieron el traje de maitre porque se enfermó el de turno, y me dieron instrucciones generales de cómo desempeñarme, con apoyo del manager.

Aunque me sonrojaba al reconocerlo y pese a varias equivocaciones y errores en mi tarea, causé gran impacto por mi figura, desenvoltura y simpatía. Especialmente con contingentes de jubilados del norte de Estados Unidos, que escapan del intenso frío para abrigarse con el cálido sol de la Florida.

No me interesaba sacar cuentas, pero con las propinas obligatorias y las que me “obligaban” a aceptar los clientes, al hacer una proyección semanal, ya que se acostumbra a pagar cada siete días, superaba ampliamente el “sueldo” del restaurante.

Además del español y el inglés que hablo y escribo bien, tuve buena práctica con el francés cuando fui una vez de vacaciones con mi familia a París. Pero no conozco el italiano. Aunque suplía la falta de conocimiento aplicando la teoría de la forma y la asociación de ideas para tratar de entender las frases, ya que muchos idiomas derivan del latín, del que conocía algo y me sirvió en Derecho Romano.

Sobre ese tema, justamente, pensaba preparar una tesis para cuestionar como “herencia maldita” toda la influencia negativa de la cultura del Imperio Romano en nuestra civilización, y compararla con la griega en general, y la ateniense en especial.



XXX

El cambio fue como si hubiera ingresado a una nueva dimensión de mi existencia. Intensa, con mucha actividad en un ambiente que no era de mi profesión ni mi forma de vida. Con un ritmo que a veces era frenético pero atrapante, fascinante.

Comencé a trabajar sin que tuviera necesidad, y a mayor actividad sentía más placer que con el ocio planificado. Disfrutaba cada instante porque todo lo hacía sin el peso del compromiso o la obligación.

Por supuesto, mi situación era muy distinta al de otros argentinos que se fueron masivamente a buscar nuevos rumbos, especialmente bonaerenses y cordobeses.

Pese al rechazo evidente de los cubanos residentes contra cualquier argentino, todos trabajaban “orgullosamente” (porque en el propio país no lo hubieran hecho) como lavaplatos, con servicios de limpieza en hoteles y restaurantes, pinturas y refacciones en edificios para lo cual eran preferidos por los ingenieros, constructores y manager locales.

Y sin que falten las y los argentinos que se dedicaban con éxito a la prostitución. Y también a ofrecer sus cuerpos y salud para experimentos de laboratorios y centros medicinales, transformándose en animales de pruebas de nuevas drogas, productos desconocidos, radiaciones, cirugías y otras prácticas, sin riesgos legales para los responsables porque los “cobayos” eran habitantes “ilegales”.

Son los que prácticamente escaparon de un país rico pero fundido, destrozado por gobernantes y políticos mafiosos de los partidos peronista y radical, ya vaciados totalmente de contenido ideológico y de principios. Mi idea es que la Argentina recién iniciará su desarrollo estable cuando desaparezcan ambos monstruos partidistas, que resultan voraces con el poder, y de terror a la hora de compartir la carroña.

También se generó una clase dirigente inútil que sólo se preocupó por satisfacer sus propios intereses, mientras las distintas ramas intelectuales fueron exterminadas por los gobiernos militares depredadores y homicidas. Las pocas cepas que quedaron se emparentaron algunas con los corruptos, y las otras no tenían fuerzas para nuevos brotes de originalidad superadora.



XXXI

Con Rocío inicié una especie de Luna de Miel a medias. Yo volvía a la madrugada y ella se iba a media mañana; y regresaba a media tarde, cuando yo tenía que salir. Aunque siempre nos dábamos maña para el sexo. Durante las dos primeras semanas fueron relaciones frenéticas. Al punto que una madrugada me esperó semidesnuda en la puerta del departamento, y en el mismo pasillo me desvistió para que tuviéramos sexo: contra la pared, en el piso, contra la puerta de los vecinos, en las escaleras, iniciando un juego que mientras más se hacía transgresor, más erótico resultaba. Terminamos con las primeras luces del día tirados entre arbustos detrás del edificio, y recién advertimos la comprometida situación y entramos a las apuradas al departamento. Por suerte, casi todos los vecinos eran parejas de mediana edad o grupos de jóvenes latinos que se hicieron los distraídos; pero me imagino que varios volcanes entraron en erupción. Aunque a los dos días recibimos una llamada del administrador por la queja de un anciano que vivía solo, por ruidos molestos.



XXXII

Mientras pasaban los días, la fogosidad con Rocío se aplacaba para dar paso a una relación más sensual, sensible y de piel, evitando ella la penetración. También se quedaba muchas veces pensativa, con la mirada perdida y la libido en menos de cero. En esas circunstancias yo me concentraba más en mi gratificante trabajo. Y digo gratificante porque me sentía como un gallito al que le crecieron las alas, y apenas veía las plumas de alguien que me gustaba o me insinuaba un mínimo deseo, accedía gustoso a satisfacerlo. El manager me advirtió que había aumentado la clientela femenina, pero convenía que mantenga cierta distancia y reserva por la trayectoria del restaurante. Desde ese momento administré mejor el tiempo y las relaciones, que eran muchas y en aumento, pero sin mezclar el trabajo con el placer. O en todo caso sentía más placer por el trabajo, y tenía menos trabajo para conseguir placer.



XXXIII

Una tarde volvió Rocío del trabajo, y mientras utilizábamos el tiempo intermedio libre que nos quedaba para un jueguito sexual, sonó el teléfono y fue ella a atender. Al pronunciar el nombre supe que era la compañera de departamento que había viajado por trabajo a México. Estiró el cable y se encerró en la otra habitación.

Recién entonces me di cuenta de que en todo el tiempo que pasamos juntos, nunca se me había ocurrido preguntarle cuándo regresaba, cómo era la amiga, si podía haber problemas de convivencia en su regreso, si tenía novio o amante que pudiera instalarse allí, y muchos otros interrogantes que siempre convienen aclarar.

Sentí algunos gritos e insultos de Rocío, su llanto fuerte y desconsolado, y luego continuó hablando despacio y sollozando.

Me preparé para marchar al trabajo y antes de salir fui a preguntarle qué había ocurrido. Estaba acostada en la cama de la habitación de la amiga en la clásica posición fetal, lo que para algunos psicólogos sirve para una serie de explicaciones sobre conflictos internos. Me contestó que a mi regreso hablaríamos y me explicaría todo.

Varios signos de interrogación me persiguieron como fantasmas toda la noche…

Hice mi trabajo en posición de automático, cancelé una cita que me interesaba mucho y pedí permiso para retirarme antes del cierre del restaurante…



XXXIV

Me esperaba Rocío con un café instantáneo batido, como me gusta. Lo primero que dijo fue que la perdone por lo que me contaría, pero que lo nuestro fue una gran ayuda porque se dio en un momento de soledad para ella. La amiga y compañera era, en realidad, la amante. Se conocieron varios años atrás y comenzaron primero con un juego que se transformó en pasión. Luego en algo que, según sostenía enfáticamente, era amor. La amiga asumió el papel dominante y posesivo, además de exagerar los celos con otras amistades. Como ella sentía deseos también por los varones, un día de intensa lluvia la acercó un compañero de trabajo y tuvieron una relación sexual dentro del auto, frente al edificio donde residía. La amiga los sorprendió y armó un escándalo de proporciones, marchándose al día siguiente con sus pertenencias a otro lugar.

Ahora quería volver. Le dijo que la amaba profundamente. Que necesitaba estar con ella pero a solas y por mucho tiempo. Que los deseos que sentía Rocío por los varones podían suplirlos con muchos artefactos sexuales. Lo importante era lo que sentían ambas. Que eso era verdadero amor.

Finalmente, me pidió con tacto y de buenas maneras que la disculpe y deje el departamento para que pudiera volver su amiga…

4 comentarios:

RMC dijo...

Buen texto, gracias por compartir.

Para el nuevo año que está a punto de llegar, deseo que la ilusión y la paz te sigan llegando
y se cumplan tus deseos.

Feliz año 2010
un abrazo
RMC

editor dijo...

Gracias y un 2010 extraordinario para todos, pleno de amor y salud, y en comunión con la Naturaleza!!!
Ya está para publicar la 3ª entrega de la novela. Espero que les guste y la disfruten.
Un abrazo. Luis

Susana Vera-Cruz dijo...

Desde mi tierra, te envío mis mejores deseos y pensamientos para este nuevo 2010 mi querido Editor ,anhelando que la esperanza en un mañana mejor , sean el regalo más lindo para ti y familia.

Con todo mi cariño,

Sussy

Pierre De Lune dijo...

Merveilleuse et magnifique nouvelle Année 2010 pour vous, mon cher ami Editor !!!

Je vous embrasse !