jueves, 14 de enero de 2010

FANTASMA DEL PASADO (5)



LA HIGUERA Y EL APOCALYPSIS

(5ª entrega)





XLIV

Quedé paralizado. Sin reacción. Mente bloqueada. Con angustia. Miedo latente. Furia creciente. Impotencia total. Bronca reprimida. Más miedo. Impulso agresivo. Deseo destructor. Después terror. Todo junto. Todo separado. En remolino…

De pronto me salió un profundo grito ahogado y se me rompieron los diques emocionales. Comencé con convulsiones de llanto hasta llegar a una tormenta de lágrimas que duró bastante tiempo.

Me vino a la mente la imagen de Flor suplicando que la ayude; y yo me alejaba en vez de abrazarla y protegerla. Y de pronto, como un golpe sorpresivo y traicionero reapareció el fantasma de Rodolfo, nuestro hermanito menor…

Me volvieron las convulsiones de un llanto hacia adentro, nervioso, incontenible, desequilibrado y lindante con el paroxismo y la locura.

Ahora eran los dos que me estiraban los brazos pidiendo que los ayude, exigiendo que los socorra, golpeándome porque me quedaba estático. Y yo me veía impotente porque no tenía brazos ni piernas para acudir en auxilio de ambos.

Finalmente Flor era arrastrada por las ramas de unos árboles hasta desaparecer; y Rody quedaba flotando en las aguas de la piscina de casa, donde realmente murió ahogado en un descuido mío…



XLV

No pude dormir en toda la noche. O quizás sí, por las pesadillas terroríficas que tuve, aunque me resultaban reales. Recién entonces recordé y comprendí exactamente las palabras de Flor cuando me despidió en Buenos Aires: “¡Es que no quiero que te vayas! ¡Tengo mucho miedo de que te pase algo y voy a quedar sola en casa!”, “…voy a quedar sola en casa”, “…voy a quedar sola en casa”, “…voy a quedar sola en casa”. Era un eco que me martillaba el cerebro…

A ella también le dolía la muerte de Rodolfo, quien más que el hermanito menor era nuestro muñequito de juegos. Sus brazos y piernas parecían rollitos de masa pegados entre sí. Nos gustaba verlo cuando mamá lo bañaba y él pataleaba en el agua disfrutando del momento. Entonces lo distraíamos con una canción inventada y usando el diminutivo de Rody, hasta que mamá se prendía en el juego y hacía como de corrernos, reclamándonos que lo llamáramos por su nombre: Rodolfo.

Estaba aprendiendo a caminar cuando me encargaron que lo cuidase en el jardín de casa. Yo entré a buscar algo en mi habitación y demoré. Y Rody se sintió atraído por el agua de la piscina…



XLVI

Las competencias de natación formaban parte del tratamiento psiquiátrico que comencé a recibir. En todas me destacaba. Aunque mis sucesivos triunfos no se debían realmente a un espíritu deportivo, sino a una sobre exigencia personal fuera de lo normal. En las primeras épocas sentía como que estaba Rody en la meta, y yo procuraba llegar de inmediato para sacarlo del agua.

Con el tiempo fui amortiguando mi sentimiento de culpa. Seguía triunfando en los torneos de natación porque había adquirido buena preparación física y técnica adecuada. Psicológicamente estaba bien y ya relajado. Hasta que en una oportunidad otro competidor me hizo una pequeña trampa que me frenó y llegué segundo. Al salir comencé a golpearlo y lo lesioné, por lo que me descalificaron y suspendieron por un extenso período. Desde entonces abandoné las competencias y practicaba natación sólo por placer.

También desde entonces me abandonó casi definitivamente el fantasma de Rody; hasta ahora…

Al fijarme en la hora, me di cuenta de que ya debía hablar a mi padre. Y comencé a temblar. Tenía miedo de recibir alguna mala noticia. Me quedé quieto tratando de controlar el temblor del cuerpo.

Fui rememorando lo que me dijo la noche anterior, cuando destacó que “Ya tomé la decisión de que nos vamos del país, porque no quiero seguir perdiendo lo que más quiero… Recordá siempre que te queremos mucho”, hasta llegar a la frase final: “Cuidate Juan, que te necesitamos con nosotros…”. Fue el mejor bálsamo para mis heridas. Desaparecieron los temblores de cuerpo. Era una bocanada de aire puro para mis pulmones contraídos por los nervios. Sirvió para levantar mi ánimo, alma o morada interior aplastada. Recuperé las fuerzas perdidas y me comprometí a luchar para enfrentar las adversidades. Se me grabó a fuego la trillada y remanida frase “No hay mal que por bien no venga”, y decidí adoptarla para transformar los males en beneficios.

Marqué los números del teléfono de mi padre…

3 comentarios:

Silvia Beatriz Giordano© dijo...

Feliz cumple Luis!

editor dijo...

Gracias Silvia. Te comento que cambié de domicilio y desde noviembre del año pasado no tengo Internet. Lamento no haber respondido antes porque ingreso poco.
Besos y abrazos mil!!!

Pilar Moreno Wallace dijo...

Me costó trabajo llegar hasta aquí, pero ha merecido la pena la lectura. Un saludo.