lunes, 22 de marzo de 2010

MORIR DE AMOR (10)


LA HIGUERA Y EL APOCALYPSIS
(10ª entrega)

LXXII
Todo eso me reveló el “sordomudo”…
-¿… también quieres llegar para que hagamos el amor?, terminé de escuchar que me preguntaba Eva…
Me sentía mareado. Como si hubiera despertado de un sueño. Abracé a Eva y seguimos caminando. Antes de entrar al hotel volví la mirada a la vereda, adonde estaba el “sordomudo”. No había nadie…
Ya en la habitación y por primera vez, yo sorprendí a Eva con mi deseo y necesidad de abrazarla, acariciarla, besarla, mimarla, de hablarle y decirle piropos al oído mientras recorría con mi boca sus orejas y su cuello. También le besaba insistentemente su vientre, que era achatado y con una pequeña y excitante elevación coronada por su “pupo”.
-Vamos a tener dos bebés…, le dije.
-¡Qué sabes tú!
-Lo sé. Me lo contaron.
-¡Anda, vete a dormir, que estás soñando!
-¿Vos no quieres?
-¡Pues claro que quisiera, pero no ahora. Mis padres me matan!
Y comenzó a llorar desconsoladamente. Me asusté en un principio hasta que logré calmarla. Entre hipos mezclados con su llanto me dijo que ya lo presentía desde el primer momento en que tuvimos relaciones. Que su sentimiento interior era de gozo y felicidad, por la sensación de plenitud que le causaba, y el sorpresivo y extraordinario amor que alcanzó por mí en tan poco tiempo, en escasos días. Pero que recién ahora sentía temor por las consecuencias y reacciones familiares.
Por mi parte estaba inundado de un calor que me quemaba por dentro y por fuera. La miraba sollozar y sentía sus miedos.
-Eva, corazón, vos sos ahora mi nueva vida. Te amo con todo mi ser. Desde que te vi en el aeropuerto, he sentido que cambiaba todo para mí. No te preocupes. Ya estamos unidos y no nos separaremos. Ahora seremos cuatro y lo anunciaremos también a los cuatro vientos…
-¿Cómo lo sabes tú?
-Me lo anunciaron. Es algo extraño… Me dijeron que eran varón y mujer… Entre otras cosas raras…
-¿Y qué sientes tú?
-¡Que estoy loco por vos, y por nuestros bebés…!!! Vení, bailemos, y riamos, y festejemos, y gritemos, y saltemos, y tomemos, y comamos, y hagamos el amor, y…

LXXIII
Ya era 21 de diciembre de 2001. Comienzo del invierno en el hemisferio Norte, donde yo estaba; y del verano en el Sur, donde estaban mis padres y mi hermana. Los astros y sistemas planetarios también hicieron sus propios cambios, y tomaban nuevos rumbos en el Universo Cósmico.
La Argentina había terminado de “incendiarse”, y el ex presidente Fernando De la Rúa se había marchado de la Casa Rosada pisando y haciendo volar las cenizas de su gobierno. Se había cumplido otra etapa desgarrante en la historia del país, que se sumaba a las anteriores de crisis institucionales y gobiernos militares. Por sus características, las revueltas sociales causaron asombro en todo el mundo. Y como en todo acto de perfiles revolucionarios, también hubo víctimas. Mientras estuve esos días con Eva, presté poca atención a las noticias, y me informaba más con las versiones de mi padre.
El ya me había comentado que había acordado viajar a México, pero con el intento de secuestro de Flor y la caótica situación argentina tuvo que cancelar todo. Que mamá y Flor, una vez recuperadas de sus lesiones y traumas, viajarían a España a mediados o fines de enero para quedarse con nuestros familiares, y luego me buscaría para acompañarme y orientarme algunos días en mis primeras tareas. El debía volver Buenos Aires para liquidar todos los asuntos, y recién entonces se iría a España.
Esa tarde me comuniqué con mis padres, como lo hacía todos los días, pero recién entonces les conté sobre Eva. Aunque nada dije sobre el “anunciado doble embarazo”, porque en realidad no lo habíamos confirmado con consulta médica ni análisis clínico.
Lamentaban que no pudiéramos estar juntos para los festejos de Navidad y Año Nuevo, y se alegraron con la noticia de mi nueva “amistad”. Flor me mandó un abrazo de oso y un beso de sopapa, y me auguró mucho amor con mi “nueva novia”, destacando que siempre sería mejor que mi ex “dulce Melisa”, a quien nunca aceptó personalmente.
Por su parte, Eva también les informó a sus padres, que continuaban en Miami, sobre la nueva relación que había iniciado, destacándome como si fuera un “dios del Olimpo”. Le pidieron que volviera cuanto antes para aclarar bien el tema, y porque debían regresar a Texas.

LXXIV
Como en México se suspendían los cursos de capacitación de la multinacional hasta después de los festejos de Fin de Año, volvimos juntos a Miami.
Resultó un verdadero drama. Me presentó a sus padres, quienes me aceptaron con reservas. Nos controlaban permanentemente, en especial su madre católica, quien suponía que se mantenía vigente la promesa de castidad de Eva.
Hasta cierto punto entendía y aceptaba la posición de ellos, pero nos desesperaba la necesidad de estar juntos como estuvimos en México. Al considerar que estaba “solo” en Miami aceptaron que pasara con ellos Navidad y Fin de Año. Si no, moría… (tuve que convencer a la amiga del departamento con la cruda verdad de mi fulminante enamoramiento para que cortáramos la relación).
Buscábamos de estar juntos el mayor tiempo posible. Inventábamos excusas para nuestros encuentros amorosos. Hasta que llegó la primera semana de enero, y debían emprender el regreso a Texas.
Propuse un argumento para viajar por unos días con ellos, pero lo rechazaron. Le dije a Eva que lo mismo iría de incógnito unos días después, sin que supieran los padres. Le pedí que nos mantuviéramos en contacto permanente mientras tanto.
Intercambiamos todo tipo de objetos para sentirnos cerca uno de otro. En el aeropuerto buscamos rincones para abrazarnos y besarnos. Nos apretábamos fuerte. Nos olíamos para después cerrar los ojos y pretender que seguíamos juntos. Nos recorríamos centímetro a centímetro de piel con la idea de que se quedara cada célula impregnada mutuamente. Hasta pensamos en fugarnos a último momento.
No hubo caso…
Se fueron…
Aunque pensaba que la volvería a ver pronto, comencé a morir… de amor…

LXXV
Horas después de la partida la llamé a su celular. Conversamos como si hubieran transcurrido años de no vernos.
Al día siguiente a la mañana. A la tarde.
Al otro día a la mañana. A la tarde.
Quedamos en que la llamaría al día siguiente para coordinar mi viaje.
La llamé al día siguiente a la mañana. No contestó.
Insistí por varias horas. No contestaba.
Busqué los teléfonos de los padres.
Llamé y me atendió una mujer con voz parecida a la de la madre de Eva. Era profunda y desgarrante…
-Buen día señora, soy Juan. ¿Se encuentra Eva?
-Juan. Hubo un accidente y Eva murió…
-……..
-No…
-N o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o h h h h h h h h h h h h h h h h h . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .