lunes, 15 de marzo de 2010

NIDO DE SERPIENTES (8)


LA HIGUERA Y EL APOCALYPSIS
(8ª entrega)

LXI
Eva insistió tanto en acompañarme a las oficinas de la multinacional, en lugar de asistir a la biblioteca, que tuve que aceptar. De todos modos yo también prefería su compañía, y disfrutaba de cómo se me “pegoteaba” con besos, caricias y mimos.
Al encontrarme con quien fue jefe de mi padre en la Argentina, me explicó que no era de urgencia tramitar los poderes. Más bien era una excusa que acordó con mi padre, de quien tenía muy buen concepto, y me acompañó de inmediato a la oficina del CEO de la empresa para el área del ALCA. Luego de una entrevista durante la cual me preguntó sobre mi profesión, mis conocimientos de idiomas, mis intereses, mi breve gestión financiera y bancaria, entre otros temas (se asombró cuando le dije que tenía 24 años de edad), ¡finalizó contratándome a prueba como agente de negocios para desempeñarme en México, Estados Unidos y Canadá!!!
Era un día jueves, y debía presentarme el lunes siguiente para iniciar unas jornadas de capacitación. Cuando salimos del edificio y le comenté la novedad a Eva, se me colgó encima y comenzó a besuquearme por entero, ante la mirada sonriente de los transeúntes. Me sorprendía de modo creciente con su naturalidad, espontaneidad y tantas muestras de afecto pese a que recién nos conocíamos.
De inmediato me hizo una propuesta: viajar esa tarde y por el fin de semana a Cancún, “para hacer el amor” todo el tiempo…

LXII
Apenas nos instalamos en el hotel de Cancún, comenzó a desvestirme con desesperación mientras me besaba y acariciaba por entero. Parecía totalmente liberada de la fuerte represión moral impuesta por las creencias católicas de la madre. Cuando le dije de usar recién entonces un preservativo, lo rechazó totalmente porque “ya no se justifica, estoy feliz y gozosamente inseminada por ti, mi primer hombre, mi único amor…”.
Había casi cuatro años de diferencia de edad entre nosotros, y me asombraba su lucidez y madurez mental. Recordé su comentario sobre el período de ovulación cuando tuvimos la primera relación, dos días atrás, y con lo que me dijo no entendía si hacía referencia a la gran posibilidad de quedar embarazada, o que “percibía” que había comenzado con la gestación.
De cualquier forma, todo ocurrió de modo extrañamente acelerado, y de un día para el otro le noté otro brillo en la mirada, mayor tersura y suavidad en su piel, y una fragancia hormonal que emanaba de todo su cuerpo que me excitaba y mareaba a la vez.
Me di cuenta de que nuestras relaciones no fueron meras uniones sexuales. Desde la primera vez fueron entregas totales en cuerpo y alma. Y me vinieron a la mente las sorprendentes imágenes de las serpientes o víboras que surgieron como ondas de energía de nuestros cuerpos, entrelazándose y fundiéndose en un estallido de luz que nos desvaneció.
-Juan, mi amor, tú sabes qué significa Cancún?
-Supongo que será alguna referencia a la forma del territorio o de sus playas, especiales para el turismo...
-Proviene de los antiguos y desaparecidos mayas, de las palabras kaan kun: olla, recipiente o nido de serpientes o víboras…

LXIII
El viernes fuimos hambrientos a cenar en el comedor del hotel, luego de estar “encerrados” todo el tiempo en la habitación. En otra mesa esperaban también el servicio dos parejas de nuestra edad. Después de intercambiar miradas, uno de los varones se acercó y preguntó en inglés si queríamos compartir con ellos.
Una pareja era de holandeses, y la otra de franceses, también de enamorados como nosotros. La conversación común era en inglés, y cuando hablaban entre ellos en sus respectivos idiomas, entendía muy bien a los franceses. Escuché que compartían una relación y amor muy parecido al nuestro; y por las evidentes expresiones, también los holandeses. Por ese motivo, los demás integrantes de sus grupos turísticos prefirieron alojarse en hoteles céntricos cerca del bullicio diurno y nocturno, y dejar que ellos disfrutaran sus intimidades más cerca de la playa.
Luego de intercambiar comentarios sobre los viajes, experiencias y otros temas propios de nuestra edad, incluyendo algunas intimidades entre las mujeres, Eva aludió a su gran interés por la antropología y la influencia de los astros sobre la naturaleza, los animales y el ser humano.
Como si fuera una sacerdotisa que contaba un gran secreto, comentó que pensaba invitarme a hacer una vigilia en la playa a la luz de la Luna llena, que casualmente se daba el sábado a la noche, y esperar la salida o surgimiento del Sol del domingo en el horizonte marítimo para manifestarme su gran amor…

LXIV
Mientras yo quedaba sorprendido por la propuesta, las otras dos parejas asimilaron de inmediato y con creciente entusiasmo la idea. En principio me pareció un rito pagano, de adoradores de dioses propios de los aborígenes y de culturas politeístas; y también impropio de la misma Eva. Luego lo tomé como una diversión más de un fin de semana especial. Finalmente, consideré que deseaba tener cualquier tipo de influencia que reforzara el creciente, extraño y extraordinario amor que ya sentía por Eva.
Acordamos hacer los preparativos el sábado por la tarde.
Las otras parejas comentaron el proyecto a los integrantes de los respectivos grupos turísticos, quienes decidieron por mayoría encargarse de la organización total de nuestras “bodas” o compromisos de amor. Llegaron a “amenazarnos” para que nos encerremos el sábado a la noche en nuestras habitaciones hasta las tres de la madrugada, hora en que ellos nos buscarían para iniciar la vigilia nocturna.

LXV
Los seis enamorados nos encontramos el sábado para cenar, y fuimos luego a nuestras respectivas habitaciones. Con Eva experimentamos nuevamente el extraño fenómeno de la energía interior. Descubrí además el poder e influencia que ella tenía al desarrollar plenamente toda su sensibilidad femenina, su sensualidad amorosa, y su sexualidad explosiva y coincidente con la mía.
A las tres de la madrugada nos buscaron y llevaron a la playa. Sólo había tres parejas de mediana edad, junto a una pequeña fogata. Sentimos un poco de desilusión por la pobreza de la “ceremonia”. Pidieron que nos desvistamos totalmente. De una bolsa sacaron dos mantos de color naranja y se los pusieron a la pareja de holandeses, cubriéndolos desde el cuello hasta los pies. De otra, mantos de color azul Francia, con los que cubrieron la desnudez de los franceses. Finalmente, blancos con una estrella azul en la espalda para Eva, y con un círculo amarillo del Sol para mí.
De pronto comenzaron a aparecer los restantes viajeros con velas de distintos tamaños y características, que encendían en la fogata para ir formando un círculo alrededor nuestro.
Luego se abrió el círculo y comenzaron a caminar por la playa con las velas encendidas y bajo la luz de la Luna llena, indicándonos a los seis que los siguiéramos. Llegamos al extremo más oriental de la playa de Cancún, donde encendieron con sus velas una gran cantidad de leña para una notable fogata, supuestamente con permiso de las autoridades.
Nos hicieron sentar sobre sábanas extendidas en la arena, y con distintos instrumentos comenzaron a interpretar y cantar diversos temas sobre el amor, mientras tomaban y nos invitaban licores espirituosos y prendían cigarrillos y habanos, para la vigilia nocturna. Se veían todas las velas encendidas en un extenso sector de la playa.

LXVI
Cuando apareció el primer fulgor sobre el horizonte marítimo, en el este, se hizo un silencio total. Sólo se escuchaban los golpes y el rotar de las olas. Nos hicieron levantar y ubicarnos a la orilla del mar, a unos 20 metros de distancia entre cada pareja.
Al asomar el borde del Sol, nos quitaron los mantos que acomodaron sobre la arena con nuestras vestimentas encima, para poder usarlas luego. Nos indicaron que ingresemos completamente desnudos al océano hasta cubrirnos la cintura, mientras ellos apagaban sus velas con el agua del mar y se retiraban del lugar.
Quedamos mirándonos entre las tres parejas, todos abrumados por la sorpresiva y extraña soledad; sin otras personas, sin música, sin voces, sin risas, sin cuchicheos. Sólo acompañados con los sonidos de la naturaleza y del silencio.
El Sol comenzó a estirarse para despegar de la línea del horizonte. Sentíamos ya sus rayos que lamían suavemente nuestra piel, y luego las olas del mar que nos limpiaban y refrescaban.
Nos desconectamos de las otras dos parejas. Con Eva nos abrazamos fuerte y juntamos las puntas de nuestras narices para mirarnos profundo a los ojos.
-Juan, te amo y te amaré por siempre con toda mi alma…
-Eva, te amo y te amaré por siempre con toda mi alma…
El Sol tuvo una de las explosiones más fuertes e intensas, y sentimos que nos abrazaba el calor, aunque sin llegar a quemarnos porque de inmediato nos protegieron las olas del mar…