martes, 9 de marzo de 2010

SACRAMENTO SEXUAL (7)



LA HIGUERA Y EL APOCALYPSIS
(7ª entrega)

(ACLARACION IMPORTANTE: ruego a l@s lector@s, administradores de Google, de estos sitios y en general, no escandalizarse ni censurar los relatos eróticos y sexuales al final de esta parte, porque resultan fundamentales para el mensaje que se quiere transmitir sobre el “Sacramento sexual” de reproducción, de vida y de “Génesis” contenido y resaltado en las filosofías más antiguas de la humanidad. Todo será explicado y “revelado” en la próxima entrega, la número 8ª y penúltima del Libro I de esta novela).

            LII
Mientras hacía los trámites bancarios y financieros para mi padre y la cerrada empresa donde trabajaba, me enteraba de la caótica situación política, económica, social y de varios otros rubros por la que atravesaba la Argentina.
Los diarios, radios, informativos televisivos y otros medios de EE.UU. le daban más espacio y tiempo a los discursos, insultos y decisiones del presidente venezolano Hugo Chávez, que a la revolución social que se gestaba rápidamente en mi país. Lo cual confirmaba mi idea de que los yanquis siempre necesitan algún “diablo enemigo” para compararse en su plan de propaganda (el resto de América no interesaba), porque Fidel Castro ya estaba viejo y “sin combustible”. Mientras ambos aparecían como “contrarios hasta la muerte”, Fidel siempre fue “sostenido y bancado”, y Chávez con su petróleo era otro “capitalista asociado”.

LIII
Un día fui a la sucursal del Citi donde abrí la cuenta a la orden indistinta mía y de mi padre, y consulté con una de las asesoras, una mujer de edad media nacida en Colombia, quien me asombró con sus conocimientos financieros. Recomendó que de inmediato hiciera todas las transferencias posibles de capitales. Según su experiencia y conocimientos históricos de las políticas financieras en el mundo y especialmente en Latinoamérica, ocurriría un quiebre gravísimo del sistema.
Las mejores señales eran la fuga masiva de capitales y el cierre de multinacionales en el país, acompañada por la paralela transferencia al exterior de divisas por montos multimillonarios, que realizaban los principales gobernantes y dirigentes políticos de la Argentina que se dedicaron a robar. Y muchos lo hacían con valijas diplomáticas cargadas de dólares.
Me comuniqué de inmediato con mi padre y comenzamos a transferir sus ahorros, que no eran extraordinarios pero sí importantes para el sostén de la familia por un buen tiempo. Sobre un capital remanente me aconsejaron que no convenía dejarlo en los bancos del país y sí invertir en la compra de propiedades.
En cuanto a los capitales de la empresa donde trabajaba mi padre, ya habían sido transferidos mucho antes y sólo restaba la liquidación de propiedades y otros bienes, para lo cual yo tenía que viajar a México a fin de conseguir unos poderes. Al parecer, a los directivos no les interesaba volver por el momento al país pero sí invertir en otros vecinos.
Supuestamente, a nivel internacional se proyectaba otro tipo de estrategia sólo con la Argentina por su característica especial con las prácticas corruptas, ya institucionalizadas por el dominio político de la mafia neoperonista, acompañada por el socio radical también corrupto y complaciente que siempre terminaba bajándose los pantalones. En ese sentido, se preveía fomentar el capitalismo nacional con cierto control desde afuera, para que los directivos extranjeros de las multinacionales no tuvieran necesidad de estar en el país.

LIV
Estaba en el aeropuerto de Miami con pasaje ida y vuelta a México. Me serviría para renovar los tres meses de autorización de ingreso a Estados Unidos mientras conseguía la visa.
Entonces sentí el “flechazo” de Cupido. Me dirigía al sector previo a embarcar cuando la vi. Fue un auténtico “amor a primera vista”. Era lo más bello que había visto en mi vida. No tendría más de 20 años. Cabello castaño rojizo semienrulado, con mechones laterales trenzados por encima de unas hermosas orejas y unidos atrás con un pequeño moño rojo. Ojos marrones con suaves tintes verdes; nariz levemente respingada; algunas pecas en los pómulos; labios que daban ganas de morder; y un cuerpo mediano, estilizado y que a mí me parecía perfecto. Me acerqué de inmediato, como si fuera un imán que me atraía.
-Hi
-Hola. También hablo español.
-¿Cómo sabías?
-Se nota que tú eres latino. Y diría que argentino, verdad?
-¿Cómo puedes saber?
-Porque los argentinos son distintos al resto de los latinoamericanos. Tienen características europeas. Soberbia propia al margen diría que, en general, tienen “más presencia”.
-¿Y cómo puedes darte cuenta?
-Porque es parte de lo que me apasiona, la antropología, y que me lleva a averiguar algo más en México.
-¿Cómo es tu nombre?
-Eva.
-Yo soy Adán… Disculpa… Juan.
Fue suficiente para que ambos comenzáramos a reír, y yo terminara con mis reiterados “comos” de interrogación.

LV
La “conexión” con Eva fue inmediata y de lo más natural. Nos sentamos juntos en el avión pese a tener diferentes asientos y entablamos una conversación espontánea y entusiasta.
Me dijo que tenía 20 años; hija única; pasaba unas minivacaciones en la Florida con sus padres, ambos profesores en la Universidad de Austin, Texas; que él era norteamericano y enseñaba Historia Universal, y ella española y dictaba Literatura Hispana.
También que ambos se conocieron y se “flecharon” en Madrid durante un intercambio estudiantil de su padre; que su madre era católica practicante extrema, o más bien extremista, al punto que le hizo prometer, jurar y hasta sacramentar durante una misa que se mantendría virgen hasta su casamiento (pese a la espontaneidad del comentario le surgió una corta risa nerviosa y algo de color en el rostro, al darse cuenta de que me estaba enviando un mensaje encubierto con respecto al sexo, lo que a su vez me agradó y excitó porque significaba que yo también le gustaba y le atraía).
Después de ese comentario nos quedamos callados y ensimismados durante unos minutos, aunque a partir de entonces comencé a notar un extraño flujo e intercambio de ondas o energía no meramente sexual, sino diversa. Para mí fue como una revolución de hormonas que me recorría todo el cuerpo. Como una corriente continua que iba del cerebro al sexo y volvía, cual serpiente excitada y enloquecida.

LVI
Cuando llegamos al aeropuerto de MéxicoDF decidimos acompañarnos en nuestros respectivos recorridos, y alquilamos habitaciones contiguas en un hotel céntrico de mediana categoría. Eva tenía previsto hacer varias consultas en la Biblioteca Nacional sobre antropología americana, y yo concurrir a las oficinas de la multinacional que había abandonado la Argentina.
Después de acomodar nuestras cosas en cada habitación, bañarnos y mudar de ropas, salimos a dar un paseo por la ciudad. En la misma cuadra del hotel escuché un saludo: “Hola Juan”. Me di vuelta y sólo encontré a un hombre que pedía limosnas con un cartel que decía “sordomudo”, quien me miró fijo y luego desvió su atención. Me recorrió un escalofrío y apuré la marcha.
Caminamos por distintos lugares y al atardecer entramos en un bar y restaurante, donde pedimos los clásicos tacos y otras comidas mexicanas, todas “picantes”, acompañadas con la cerveza tradicional.
Volvimos al hotel, nos saludamos e ingresamos a nuestras respectivas habitaciones, con el compromiso de salir al día siguiente para cumplir con nuestras tareas previstas.

LVII
Lo único que hice en la habitación fue abrir un pequeño refrigerador, sacar una cerveza para tomar, ponerme a meditar sobre lo ocurrido en las últimas horas, y pensar en Eva. Sentía un nudo en el estómago. Me atraía tanto que desesperaba. Recién la conocía pero ansiaba estar con ella, abrazarla, acariciarla, besarla, mimarla. No era sólo un deseo sexual, como en tantas otras oportunidades, sino una necesidad del alma.
No pasó una hora cuando tocaron en la puerta. Era ella.
-Disculpa. Me sentía sola…
-Puedes pasar. Estaba pensando en vos…
-¿Tú también te sientes solo? (me enloquecía el timbre de su voz, y el tono y lenguaje español característico, que evidentemente tomó de su madre).
-Me siento solo de vos…
-Eres un poco cursi. Pero me gusta…
-La verdad, vos me gustas mucho…
-Oye Juan, quiero aclarar algunas cosas. Tú también me gustas mucho, y me produces extrañas y profundas sensaciones. Nunca ofrecí tanta confianza ni establecí una amistad tan rápido como contigo. Pero debes saber que tengo una promesa que cumplir, y el sexo está vedado para mí…
 -El sexo no me interesa tanto. Sólo deseo tocarte, acariciarte, y si puedo, robarte un beso…
-Bueno… Me siento un poco desorientada… Son muchas emociones… Y contradicciones… Siempre estuve reprimida, y más por la influencia católica de mi madre… Pero no sé qué me pasa contigo…
La tomé de las manos y comencé a besárselas suavemente. Una especie de corriente eléctrica se apoderó de nosotros, porque noté que se nos erizaba la piel. Me acerqué, pasé la punta de los dedos por sus labios y se estremeció, por lo que me animé a apoyar los míos en su tentadora boca.
Todos mis movimientos eran suaves y lentos. Fui explorando cada centímetro de su piel, deteniéndome detrás de sus orejas y en el cuello, como había aprendido de Rocío, con la diferencia que ahora me embargaban sentimientos muy distintos y profundos. Los suaves quejidos y estremecimientos de Eva me enloquecían más.
Bajé lentamente a sus pechos y luego a su bajo vientre, cuando ella reaccionó con temor. Le prometí que no rompería su compromiso de “virginidad física”. Que sólo la besaría y acariciaría para experimentar juntos el placer de los juegos amorosos. Me demostró su confianza relajándose totalmente y entregándose al intercambio sensual, volcando también su pasión y deseos.

LVIII
Perdimos la noción del tiempo hasta llegar al sexo oral mutuo, con la posición conocida como “69”, cuando ella alcanzó reiterados orgasmos.
-Es hermoso, Juan… Tanta sensación de necesidad y luego de plenitud que te golpea y produce un escalofrío de gozo… También depende de ti, porque me gustas demasiado… Tuve algunos amigos y novios con quienes intercambié besos y caricias, pero nunca como ahora, contigo… Deseaba tanto sentirte, pero además de mi promesa estoy en pleno período de ovulación, según el método Billings que también me dio para leer mi madre, porque es el único aceptado por el catolicismo…
-Yo descubrí que sos el amor de mi vida…
Nos quedamos abrazados y en silencio por un rato, hasta que ella fue a darse una ducha. La seguí y comencé a pasarle el jabón por todas partes, como si fuera un rito de limpieza y purificación de su cuerpo, mientras contemplaba sus curvas tan femeninas y perfectas, de increíble belleza. Ella hizo lo mismo, y al llegar a mis genitales me preguntó si era judío, por el corte del prepucio (seguía con su obsesión por la antropología, y sólo faltaba que yo le pregunte si era descendiente de la Eva bíblica). Le respondí que por la religión no, pero que uno nunca sabe quiénes fueron en realidad nuestros antepasados más antiguos.

LIX
Terminamos de enjuagarnos, cerramos el agua y quedamos parados en la bañera, con ella dándome la espalda. Mientras le besaba la oreja y el cuello crucé mi brazo izquierdo para acariciarle los pechos, y con la mano derecha cubría y masajeaba lentamente todo su pubis y frotaba su clítoris.
Mi pene se unió desde atrás a mis dedos para frotar los suaves labios externos de su sexo, cuidando de no penetrarla. Eva comenzó nuevamente a excitarse y a lanzar gemidos de placer, que aumentaban de intensidad.
-Juan, deseo tanto sentirte adentro…
-No debemos hacerlo…
-Por favor, te necesito…
-Tu promesa…
-No importa ninguna promesa, es absurda… Deseo sentirte… Me quemo adentro… Quiero que seas mío y que me hagas tuya… Por favor, no aguanto, te necesito…
Yo estaba también como un volcán. Con los dedos fui dilatando los labios de su sexo y abriendo la vagina. Mientras la penetraba lentamente, en la misma posición desde atrás, sentía que se paralizaba el tiempo, que estaba en otro espacio.
Eva tuvo una pequeña crispación de dolor, al rasgarse su himen virginal, pero su deseo era más fuerte y siguió pidiéndome más.

LX
Comenzamos a movernos en una danza sexual frenética y delirante. Sentí abundante líquido caliente que corría por mis genitales y mis piernas hasta escurrirse en el piso de la bañera. Los puntos “G”, “A” y todo el abecedario de Eva hacían que desbordara de fluidos.
En un momento dado, volví a sentir la intensa corriente de energía que atravesaba todo mi cuerpo y serpenteaba de ida y vuelta desde mi mente hasta mi sexo. Percibí de inmediato que ella sentía lo mismo, como si fuera un reflejo.
Nuestros movimientos se hicieron más lentos, no sé si de modo consciente o porque nuestros sentidos comenzaron como a anestesiarse. La energía interna aumentaba y amenazaba desbordar.
De pronto hubo como un estallido deslumbrante entre ambos. Fue como si la corriente de energía surgiera del interior de cada uno y se transformara adoptando la imagen de serpientes o víboras que giraban enloquecidas una alrededor de la otra, ascendiendo en remolino alrededor de un eje hasta chocar entre sí y generar una explosión que nos hizo perder el sentido.
….
Cuando despertamos, estábamos acostados y abrazados en la bañera en la posición de “cucharita”…

2 comentarios:

NoeliaA dijo...

Buen relato, expone un trozo de historia argentina y culmina con una escena de erotismo bien contada.
Saludos

Buy cialis dijo...

Esto es fundamemtal especialmente viendo esta hermosa pintura en el post, para mi representa las vivencias y la pasi9on que todas las personas en el planeta sienten por el otro.