jueves, 31 de mayo de 2012

LA HIGUERA Y EL APOCALYPSIS



LIBRO 1 DE MI NOVELA
“LA HIGUERA Y EL APOCALYPSIS”
Por partes con subtítulos,
y también completa con 1ª corrección

Como Google eliminó el sistema de páginas Knol donde tenía publicado el Libro 1 de mi novela “La higuera y el apocalypsis”, y debido a que no tengo recursos económicos para la edición impresa en un libro, la comparto ahora de dos formas: con enlaces de distintas partes publicadas en este mismo blog con sus respectivos subtítulos; y a continuación la edición completa con una primera corrección.
Aclaro que no quise participar en ningún concurso ni certamen literario para ofrecer el trabajo a todos los lectores, por lo que me interesan la opiniones y críticas de todo tipo en la sección de comentarios, o por los correos: luism911@gmail.com y consultoratucuman@gmail.com
También agradeceré el apoyo de personas, empresas o algún “mecenas” que pueda aportar económicamente para la impresión a través de mi propio nombre fantasía (A1Editor@) de esta novela; como también de mi teoría sobre “Derecho a la información: ¿réplica, respuesta y/o rectificación?” del siguiente enlace:
y de mis relatos de ficción “Reportaje al diablo”:

Libro I “La higuera y el apocalypsis”
Primera parte de octubre de 2008:

2º) DE MIEL A ROCIO:

3º) ENFERMO SEXUAL:

4º) EFECTO TANGO:

5º) FANTASMA DEL PASADO:

6º) COMERCIO DE PERSONAS:

7º) SACRAMENTO SEXUAL:

8º) NIDO DE SERPIENTES:

9º) SANTO GRIAL:

10º) MORIR DE AMOR:

11º) SANGRE AZUL (FINAL):

LIBRO 1 “LA HIGUERA Y EL APOCALYPSIS”
Completo y con 1ª corrección

Libro I de una simple novela juvenil y romántica. Se hará una relación ficticia entre el Génesis y el supuesto Apocalypsis bíblico, con personajes contemporáneos y totalmente comunes.

El eje central continuará en el Libro II y será, entre otros temas, la revelación a Juana de Arco sobre la Flor de Lis, que sería en realidad el símbolo divino del ser humano: las dos piernas y brazos en los pétalos; el tronco o cuerpo; el apéndice hacia abajo representa los sexos masculino y femenino como fundamento de la reproducción natural de la especie; hacia arriba la cabeza y la inteligencia, que lo diferencia de las otras especies animales desde el momento en que Adán y Eva comieron el fruto del árbol del conocimiento (sería una higuera, con cuya hoja “cubrieron su desnudez”, y de la que existe una especie de gran tamaño en una zona de Egipto que denominan precisamente “La higuera de Adán”); al centro un cintillo que representa la cadera como soporte de la columna vertebral y que le permite estar parado y no arrastrarse como otros animales; y al medio del cintillo un círculo pequeño que representa al “pupo”, por donde se alimentaba a través del cordón umbilical durante la gestación y que es fuente de vida.

El otro eje será el presunto apocalypsis o revelación a “San Juan” durante su destierro en Patmos, Grecia, referido al inicio del rompimiento del Sexto Sello y su contenido numerológico, con hechos importantes que ocurrirían aproximadamente en los años 2013, 2020 y finalmente en 2040.

En el Libro II se incluirán también notas sobre la falsedad y falseamiento de los presuntos Evangelios bíblicos, además de la gran importancia de Juan El Bautista, y de lo ocurrido con María Magdalena luego de la “muerte” de Jesús.


 

LA HIGUERA Y EL APOCALYPSIS – Libro I


I
-Juan...
-¡Juan, despertá!
-¡Qué pasa! ¡Qué pasa...?
-Nada. Tenemos que irnos.
-Por qué. ¿Dónde estamos?
-En el departamento de Gusty. ¿Qué no te acordás?
-No. ¡Qué pasó?
-Y... Nada. Sólo que te has recibido de abogado. Que te hicimos la fiesta. Que tomaste todo de todo. Que hicimos el amor. Que nos dormimos...
-Melisa, disculpá. Me pasé con los tragos...
-No hay nada que disculpar. Aparte de tus vómitos...
-No te enojes. Vos sos mi galletita de miel.
-Pará que me relaja la miel... Me duele la cabeza. Tengo ganas de darme un baño y tirarme en mi cama. Acompañame a mi casa, por favor...

II
-Hola. ¿Melisa? ¡Sorpresa! Por el título mi viejo me paga vacaciones a Miami y después a España durante seis meses. Luego quiere que entre en un estudio jurídico-contable conocido de Buenos Aires. A vos sólo te falta la tesis y me podés acompañar. Nos vamos en setiembre. ¿Qué te parece?
-No sé. Mi papá está medio enfermo del corazón en Santiago de Chile. Parece que después del traslado del trabajo le dieron nuevas funciones y estaba casi inactivo. Imitó a los chilenos y comía mucha manteca. Tiene arterosclerosis y varios problemas cardíacos.

III
-Juan...
-¡Juan, despertá!
-¡Buenooo! ¡Está bien...! Ya se... Como despedida estamos en el departamento de Gusty y nos tenemos que ir. ¿Qué hora es?
-Las 9 del 11 de setiembre de 2001, fecha de tu viaje a Miami, con vuelo a las 18 horas desde Ezeiza, y escala en Río de Janeiro. Ahora tenés que retirar los últimos papeles de la agencia de viajes y terminar de acomodar las valijas.
-¡Sos mi azafata de miel!
-Terminala con la miel. Sabes que me relaja...
-Pero a mi me gusta pasarte la lengua por entero porque sos mi dulce Melisa. Hasta tu aliento tiene olorcito a azúcar...
-¡Callate que no te dejo viajar y te quedás conmigo. Y además te llevo a Chile y te presento a mi papá enfermo! Vamos para que desayunemos en un bar y pasemos por la agencia.

IV
-Mmmmhh... Aquí sirven las mejores medialunas, especialmente las que tienen pinceladas de miel, como mi dulce M... ¡Mirá el televisor Meli, se incendian varios pisos de un edificio! ¿Parece o es una de las Torres Gemelas?
-Sí. Pero los yanquis lo apagan en seguida. O aparece Superman y listo. Por favor, terminá ya con esas medialunas, que con sólo verlas me relajan.

V
-Buen díiiiiiiia. ¿Nadie trabaja en esta agencia por ver televisión?
-Hola Juan. ¿Cómo estás Melisa? Parece que se anuló tu viaje, Juan. Han atacado las Torres Gemelas con aviones y quedaron destruidas. Suspendieron todos los vuelos desde y hacia Estados Unidos. Un desastre total. Son incontables los muertos y hasta el momento nadie sabe qué ha pasado en realidad. ¡Mirá... Parece que hay otros ataques!! ¿Será una guerra?

VI
-¡Por favor, hijo, cuidate mucho! Acordate que por correo mandan virus y venenos que te pueden hacer algo a vos, que no tenés nada que ver. Todavía hay tiempo para que cambies y vayas a España...
-No te preocupés, ma. Siempre quise ir a Miami; y ahora más. Es por poco tiempo. No me va a pasar nada. Allá no pasa nada. Entiendo que estén preocupados. Yo también los quiero. A vos, a papá, a todos ustedes, que son mis mejores amigos. Y especialmente a mi hermosa y querida hermanita Flor...
-Si, claro. Recién te acordás que existo y que me querés, porque tu “dulce Melisa” tuvo que viajar a Chile y no está para despedirte.
-Pero vos sos mi única hermanita y te quiero más...
-¡Mentira! ¡No me toqués! ¡Yo no te quiero! ¡Ya no sos más mi hermano!
-¡No llores, Flor! ¡Te quiero mucho! ¡Mirá, después te espero y nos vamos juntos a Orlando y por distintos lugares para que conozcas! Dame un abrazo de oso y un beso de sopapa, como antes...
-¡Es que no quiero que te vayas! ¡Tengo mucho miedo de que te pase algo y voy a quedar sola en casa!

VII
Que increíble y extraña sensación. Completamente distinta a la de otros viajes. Con sólo levantar vuelo, era yo quien arrastraba al avión. Sentía fuerza, poder. Mi corazón bombeaba fuerte de la emoción. Sabía que entraba en la etapa más importante de mi vida. Percibía otro yo, distinto al de días atrás. Al punto que mi mente pretendía olvidar lo que fui antes. Al penetrar el cielo y las nubes absorbía el futuro. Todo iba a estar a mi disposición. Parecía como si con mis manos y mi propia voluntad pudiera manejar mi destino. Gozaba analizando que era joven, sano, con físico estilizado y de deportista por la natación que practicaba, buena pinta y gran “arrastre”. Sin plata aún pero con un título al que pensaba sacar bien el “jugo”. Yo era el que volaba, y las nubes abajo parecían un colchón en el que podía saltar y rebotar las veces que quisiera. Ahora me restaba conocer algo de mundo, para después armar mi propio mundo, como yo disponga... (No podía imaginar entonces, que nunca más volvería a esta parte del mundo).

VIII
-Señores pasajeros, les habla el capitán Gabriel Zihel. Nos acercamos a una zona de turbulencia, por lo que ruego ajustarse los cinturones de seguridad…
-………………….
-Señor, ya puede abrir los ojos y soltarse el cinturón. No hay de qué preocuparse.
-Ah! Gracias señorita…
-Gabriela. ¿Quiere tomar agua o alguna bebida fuerte?
-No. Le agradezco… O sí, agua por favor. Voy a tomar una pastilla para el mareo que me dio mi madre.

IX
Caudalosos ríos de luces. Es lo que me parecían las autopistas durante la madrugada, antes de descender al aeropuerto de Miami. Me sorprendía la naturalidad y confianza con que me movía en un lugar totalmente extraño. Pensaba que un ejército de uniformados con armas de todo tipo nos iban a controlar. Pero no, estaba normal. El clima era muy cálido, extraordinario. En comienzos de octubre había dejado horas antes la primavera, y como por arte de magia entraba en el otoño. Ya me imaginaba disfrutando del mar y la arena, los tragos en las barras de los bares, mirando a las rubias y morochas espectaculares que aparecen en las series televisivas y películas. Y todas ellas acudiendo para mostrarme la ciudad y acompañarme. Esquivando balas y autos deportivos perseguidos por patrulleros, o lanchas que saltan por encima de puentes. Codeándome con los grandes actores y actrices cuando hacen sus recorridas de descanso, mientras me explican los argumentos de sus próximas películas. Por supuesto, tenía que ir a comer lasañas en el restaurante del Gordo Porcel…

X
Conocía mi agenda. En taxi debía ir hasta una confitería de productos argentinos en la “Pequeña Buenos Aires”. El cambio del dólar estaba uno a uno y resultaba fácil el control, pero aún así me parecieron elevadas las tarifas de traslado. Me encontraría con Fernando, antiguo compañero del secundario que viajó años antes con su padre, quien con algo de capital puso un negocio de autos y motos usadas con buen resultado. Lo encontré muy cambiado, demasiado “light”, sin el entusiasmo y la emoción que suponía un reencuentro de ex amigos. Me volvió a comentar que como su madre había fallecido el año anterior, su padre se juntó con otra mujer con sus propios hijos y quedaba poco espacio en el departamento. Por mi visita, dos días atrás discutió con la madrastra y él mismo tuvo que irse a vivir con su novia en un monoambiente o “estudio”. Me recomendó un hotel a 100 metros sobre la misma avenida Collins, gerenciado por argentinos y comparativamente económico. Aclaró que no me asuste si escuchaba comentarios sobre el asesino de Versace, que se alojó en el mismo hotel, lo que le dio fama y promoción. Me acompañó al lugar, quedó en hablarme al día siguiente, no lo hizo, y lo volví a ver pocas veces.

XI
Estaba en Miami. Pensaba disfrutar con o sin amigos. Había previsto practicar mi inglés avanzado, pero casi todos hablan “español”, como le dicen al castellano. Incluso por los medios de difusión en nuestro idioma pronuncian correctamente “miami” y no “maiami”.
Primero, a escuchar los consejos de la gente del hotel, de las mucamas, casi todas provincianas argentinas, las que tiempo después me confesaron que como ocurría con los porteños en todas partes, no me soportaban por aparentar soberbia y pedantería. Y algo que se extendió más que en la propia Argentina: las frases con “che”, “boludo”, y “che boludo”. Gente de todas las edades y países consideraban como una obligación, parte del protocolo o gesto de amistad el saludarnos así.
La recomendación más importante que me hicieron: que gestione urgente una cédula de identidad y la credencial de manejo de Florida, que sirve más que el pasaporte para cualquier trámite.
La oficina para conductores más cercana estaba en Sunny Island, adonde fui sólo para averiguar, al atardecer del día siguiente. Muy al estilo argentino, había una cola que parecía una gigantesca víbora, y recomendaron que me incorpore de inmediato.
Lo que me enteré a continuación me dejó duro: esa cola era de todos los días, crecía con el paso de las horas ¡y no se movía hasta las 7 horas del día siguiente, cuando comenzaban a atender, pudiendo llegar mi turno en las primeras horas de la tarde! Eso explicaba la cantidad de bancos, sillas y reposeras que tenía la gente para pasar toda la noche y tantas horas del día en el lugar. Todo porque ya circulaba la versión que iban a restringir o negar la credencial a los extranjeros, luego del ataque del 11 de setiembre.
¡Y faltaba más! Durante la noche debía estudiar un manual con todas las normas y señales de tránsito, para rendir al día siguiente con un sistema computarizado. Si llegaba a aprobar otorgaban una credencial limitada y provisoria, y cuando estuviera en condiciones debía hacer cola nuevamente y conseguir turno al día siguiente para la prueba de manejo. Eso sí; como tantos otros, no tenía vehículo propio, y podía acudir a “empresarios” legalmente inscriptos que alquilaban en el lugar sus autos en condiciones para poder rendir.
La credencial plástica con foto, datos y banda de seguridad la confeccionan y entregan al instante, y vence el día del cumpleaños (qué regalo frustrante). Piden que sonrían para la foto: ¿será para hacerle “carita simpática” al policía cuando uno comete una infracción, como pidiendo perdón?

XII
Lo que podría considerarse tortura de algunos días, me pareció una aventura interesante. Tenía que acudir a un supermercado al frente de la oficina de credenciales para desayunar, almorzar, merendar, cenar y otros “ar”.
¡Cuándo no, una mujer argentina con dos lindas hijas se turnaban para atender un pequeño local interno, donde preparaban los mejores sándwiches de miga, café yanqui lavado, cubano o tipo argentino, tartas y postres exquisitos! Dejando reserva de mi lugar en las colas, mataba las horas conversando sobre el marido que quedó trabajando en Buenos Aires, las hijas que estudiaban y trabajaban, Zulemita Menem que era cliente habitual de ese súper, y de otros personajes y costumbres.
Siempre que veía a Menem por televisión se me revolvía el estómago, y la hija me resultaba grotesca. Pero dos veces que me crucé allí con Zulemita me sorprendieron la altura no heredada del padre, la elegancia, atributos físicos y belleza especial que tenía.

XIII
Me causaba risa mi propia sonrisa en el carnet de manejo. Debía darle buen uso, y nada mejor que alquilar un auto. Extrañaba a Melisa, su dulzura pese a su fuerte carácter, el sexo frenético y el orgasmo coincidente, tras lo cual venía un relax placentero para montar de nuevo en varias y suaves crestas de olas. Hacía de cuenta que la tenía a mi lado en el auto mientras la acariciaba o teníamos sexo oral. La hablé y me comentó que el padre había sido operado, y seguía internado en terapia porque faltaba otra intervención quirúrgica.
Disfrutaba mis paseos por las avenidas y puentes, con los transatlánticos por un lado y las isletas con mansiones de artistas, personajes y multimillonarios por otro. El agua es totalmente cristalina y se pueden ver los distintos ejemplares marinos, los que dan la sensación de poder tocarlos.
Un día paré a almorzar en un pequeño bar y restaurante a un costado del Miami Herald, en un club náutico, y observé un espectáculo que me deslumbró e hipnotizó: en un gran espacio entre lanchas amarradas, comenzó a “hervir” el agua de a poco. De inmediato era un volcán marino que entraba en erupción, con mezcla de peces y agua en movimiento que se elevaban sobre la superficie cada vez más y en mayor diámetro, hasta transformarse en un “hongo atómico danzante”. Aún hoy no me explico –y nadie me explicó- de qué se trataba. Quizás un ritual reproductivo de criaturas marinas, competitivo, destructivo u otra actividad de la extraña naturaleza.
En medio del cemento también está la naturaleza viva. De no creer. En plena city bancaria, con entidades de todo el mundo sobre la avenida Brickell y acceso a una autopista, tuve que frenar mi marcha para dar paso ¡nada menos que a una comadreja! Bicho horripilante y hediondo, que había visto una sola vez en mi vida, ¡me parecía hasta simpático!

XIV
El tema del sexo ya me estaba apretando. Antes de salir de Buenos Aires, todos mis amigos me cargaban con que iba a montar una industria láctea en Miami. Pero resultó al revés, y ya estaba afectado de exceso espermático. Es que el dueño del hotel, con buen criterio me explicó que tenía libertad sexual, pero ¡ojo! con el libertinaje o meterse en cualquier agujero, porque podía quedar pegado al Sida, por más preservativo que usara. Durante el día y también a la noche, así como salen los murciélagos, surgen las vampiresas que te chupan los dólares, la sangre, el pene y hasta la vida. Estaba aterrorizado con esa posibilidad y buscaba la autosatisfacción, mientras pensaba en Melisa. Era el caso del “esperma urgente”, como decía Joaquín Sabina en su canción.
En la playa, varias parecían modelos, y cuando iniciaba la ronda de sondeo descubría que no eran yanquis, casi todas hablaban español y en su mayoría el “porteño”. Al poco tiempo aparecía un “amigo” que les recomendaba buscar otro “punto” un poco mayor pero con mejores “perspectivas”. También abundan los gay y otros. Pero nunca pueden compararse con una mujer. No es puramente sexo o descargarse con cualquiera, sino una cuestión de piel, o de la delicada “sensibilidad, sexualidad y sensualidad femenina” que uno siempre busca. En fin, no andaba de buenas.

XV
La “Pequeña Habana” es un lugar común y al mismo tiempo especial. La famosa Calle 8 tiene poco de extraordinaria, pero resume la forma de vida de los exiliados cubanos. Estacioné en una cuadra cuando vi anuncios de filmes en un cine, el único que proyectaba con subtítulos en español. Por curiosidad y para sentirme como en casa, programé entonces un fin de semana de película.
En un bar probé también el pequeñísimo café cubano, extremadamente dulce y fuerte, con el desatino de pedir luego el “desayuno americano”. Me sirvieron una taza de café con leche, un inmenso trozo de pan calentado en una especie de tostadora con manteca en el medio, un revuelto de huevos con tocino y una gran porción de papas fritas. ¡Ah, y encima me acercaron azúcar, sal, ketchup y mostaza, por si quería agregar! Me quedé un buen rato mirando todo, porque no sabía qué hacer. Recordé las medialunas “con pinceladas de miel” a las que estaba acostumbrado. Pagué y me fui solamente con el fuerte sabor del “cortito” cubano en la boca.
Salgo del estacionamiento y piso el acelerador cuando casi me aplasta la desgracia. Un viejo ciego surgió de la nada por delante del auto, y no me explico cómo logré esquivarlo. Apenas rocé su bastón y frené de inmediato, tratando de calmarme del susto. Una mujer que vio todo insultó al hombre, aparentemente acostumbrada a sus imprudencias.
-¡Oye chico, sigue tranquilo con tu carro. Este viejo loco vive salvándose de que lo maten, no sé hasta cuándo!
Muy despacio reanudé la marcha. Por el espejo retrovisor me sorprendió ver al viejo ciego parado en medio de la calle, ¡como mirándome mientras extendía su mano hacia adelante, en un gesto desesperado de querer alcanzarme! Volví al hotel y me acosté a ver televisión, suspendiendo toda mi agenda de actividades.

XVI
Al mediodía, el estómago me hizo pensar que podía haber comido algunas de las papas fritas del “desayuno”, o probar un poco del revuelto de huevos y mordisquear el crocante pan con manteca. Mientras me levantaba para comprar una hamburguesa en una Mac de la esquina, tomé la decisión de entregar el auto para evitar futuros problemas y dedicarme a conocer los recorridos de los buses y trenes, que según me dijeron están muy bien organizados, con guías y horarios al minuto.
Las Mac en el lugar de origen son mucho mejor que las nuestras, y las de pollo y pescado se pasan. Aunque decidí comprar una Burger en la cuadra siguiente, porque tienen las papas más crocantes y sabrosas; y con ketchup quedan espectaculares.
Al estilo consumista norteamericano atendía mi estómago en el pequeño bar del hotel, con la clásica Coca. En ese momento se retiraba rumbo al aeropuerto un matrimonio puertorriqueño, con una hija de mediana edad, que había llegado días antes. La mujer, de unos 30 años, muy atractiva y de buena figura, me provocaba con su saludo, la mirada y los gestos siempre que nos cruzábamos, y me hacía elevar la presión.
Al parecer gozaba de excelente “apetito”, porque cuando vio que abría la boca para morder la hamburguesa, me clavó su mirada en los ojos y comenzó a pasar su lengua por los labios. Al instante parecía que estaba masticando brasas, porque sentí un calor intenso que me bajaba al estómago y de inmediato al sexo, que creció formando una incómoda carpa. Dejé la comida y traté de apagar el fuego con la gaseosa, pero ya estaba inflamado de deseo. Deseo y bronca creciente, porque ya se iban. La maldecía, la reputiaba por esa provocación inútil y frustrante. Cuando desaparecieron quedé enrojecido, con presión en el sexo y dolor en los testículos. Otra vez la comida a medias. Sólo podía masticar mi decepción. Pedí agua mineral grande y abundante hielo.

XVII
Por curiosidad me puse a leer el Miami Herald y su versión en español, el Nuevo Herald, junto a otras revistas del hotel. Un aviso me interesó: “Curso de Paralegal”, decía. Era en una oficina de la avenida Washington, de un abogado dedicado a trámites de inmigración. “A la tarde devuelvo el auto, me inscribo en el curso y aprendo algo de las leyes de Estados Unidos, que me podrían servir para una futura oficina que podía instalar, con intercambio de servicios legales y comerciales”, pensaba.
En ese momento volvía la combi del hotel con la que hacían traslados al aeropuerto, y en la que se había ido una hora antes el matrimonio puertorriqueño. Quedé con la boca abierta. Después del chofer ¡bajó sólo la mujer, solita!
No podía creerlo. ¿Qué habrá pasado? Ahora era el corazón el que bombeaba enloquecido sin que nadie se lo ordene.
Era a la siesta. No había nadie. Entró. Se me acercó…
-Aló. Casi no tocaste la hamburguesa y yo la vi deliciosa. ¿Quieres que te la caliente en el microondas de mi habitación? No te preocupes que tengo que quedarme sola dos días para completar unos trámites de negocios y familiares. También tengo champaña. ¿O no te gusta?
-Si. Si. Si me gusta…
-Ven, que parece que te quedaste con hambre…
-Si. Si. Voy…
Me quedé dos días más con el auto, sin utilizarlo.
Nos turnábamos medio día en la habitación de ella, con vino blanco y champaña; y el otro en la mía, con Gato Negro, un agradable vino tinto chileno que conseguía a muy buen precio. El resto del tiempo yo dormía y ella salía para hacer los trámites.
Resultó fabuloso. Fue lo mejor para descargar el estrés que se acumula cuando uno está en lugar desconocido. Al marcharse me dejó sus datos particulares y de la empresa familiar, y me invitó a visitarla con todo pago para incorporarme profesionalmente, por si me interesaba. ¡Toda una mujer de negocios!

XVIII
¡Por fin pude devolver el auto! No quería complicar mis vacaciones con accidentes, infracciones u otros problemas. Compré varias guías de los transportes, un mapa muy ilustrativo, y busqué la dirección de la oficina del abogado donde dictaban el curso de Paralegal, que imaginaba como una gestoría o algo cercano a la Procuración nuestra. Por las películas conocía la tarea de los paramédicos, que para nosotros sería enfermería; pero esos cursos resultaron ser para empleados de oficinas legales.
A cargo de esa oficina, ya que el abogado tenía otras en distintos lugares de Florida, estaba una argentina, tucumana, que me atendió amablemente. Me presentó a un cordobés, de mi edad, encargado de trámites; a un periodista tucumano, ya grande, responsable de marketing; a un mendocino que hacía diseño y diagramación de una revista, con el mismo apellido de un humorista nuestro de los grandes. El resto eran chicas de distintos países que hacían las tareas como estudiantes o pasantes. Recibí los folletos informativos y me comprometí a volver para inscribirme en el curso, que comenzaba la siguiente semana.
Aproveché para hablar a Melisa. No atendía el teléfono. Al insistir me contestó un varón. Le dije quien era, y lo noté incómodo en su voz. Me explicó que Melisa no podía atenderme porque horas antes operaron nuevamente al padre y murió.
Realmente me oprimió el dolor, por Melisa, quien debía sentirse sola y desamparada. Siguió muy interesado en explicarme, sin que le pregunte, que era un asistente del padre de “Meli” en la empresa. “¿Por qué usaba ese diminutivo, que es de mi exclusividad?”, pensé. También que tuvo que acompañarla en todos esos momentos “para que no se sienta sola y desamparada”.
Un puñal de hielo en el cerebro y un reloj con su alarma a pleno. Presentí que se me había pasado la hora. Corté diciéndole que hablaría después.
Al poco tiempo me llamó Gustavo desde Buenos Aires, para darme la noticia sobre el padre de Melisa. Le conté la conversación con el “asistente”.
-Decime la verdad, Gusty. ¿Quién carajo es?
-Mirá… Realmente es un asistente del padre, que se interesó mucho en acompañar a Melisa, y en seguida se interesaron los dos. Me lo contó ella justamente ayer, en confianza, y me pidió consejo de cómo avisarte a vos. Me dijo que te quiere mucho y te extrañaba, pero con lo de él fue un flechazo mutuo. Incluso tiene previsto volver en marzo para presentar la tesis y regresa a Chile con él. Lo siento por vos, si es que tenías alguna expectativa con ella.
Furia. Despecho. Bronca. Ganas de exprimir los buenos recuerdos, hacerlos trizas y pisotearlos. En ese momento tenía ganas de iniciar una guerra mundial y pelear a muerte…
Y lo sorprendente… Al instante me sentí como en un tobogán en el que caía a unas aguas calmas, pacíficas. Me la imaginé a Melisa feliz. Despojado de egoísmo y celos, también me sentí feliz, por ella. Decidí hablar luego, darle mi pesar por su padre y decirle que, sinceramente, le deseo lo mejor del mundo.
“Mi dulce Melisa”. Recordé su aliento a azúcar. ¡Pero en la lengua y toda la boca me quedó un sabor agrio, y por ratos, amargo!

XIX
-¿Cómo estás vos, Gusty?
-Mal. Nos peleamos con Valeria. Es que ella no llegó a cortar del todo con Fabián. Estoy loco por ella, le pedí que nos casemos, y me dijo que me quiere mucho pero no me ama. Es sincera pero me hace remierda. Vos sabes que tengo un departamento grande, otras propiedades heredadas y un buen laburo, pero a ella no le interesa. No sé qué hacer. Me preocupaba incluso cómo decirte lo de Melisa, por la experiencia mía. Estoy hecho una bosta, física y mentalmente. Creo que voy a ir a un psicólogo.
-Vos sos mi amigo del alma. Calmate. Recapacitá. No vayas a un psicólogo, en todo caso puedes ver a un médico psiquiatra. Te dijo de frente que no te ama y ha hecho bien. Yo me sentí mal pero estoy bien. Las mujeres son un mal necesario. Nos dañan pero las buscamos. ¡Calculá lo que pensarán y dirán ellas de nosotros! Pero así es la vida. Olvidate de ella. Salí y buscá otra. Cuando más te vienes abajo, menos vales para ellas y más se justifican de haberte dejado. Que haga su vida con quien quiera y vos buscá nuevos rumbos, que van a ser mejores porque estarás más templado.
-No se, Juan. No es tan fácil.
-Ya te hablo yo más seguido. Reunite con el grupo de amigos para distraerte. No te caigas, que a mi también me duele tu golpe. Un gran abrazo.

XX
Fue el día de las comunicaciones y las grandes noticias. Hablé a mi madre, aprovechando que me costaba menos de un 20 por ciento del valor que tienen las llamadas en la Argentina, lo que da la pauta de los montos millonarios que recaudaban y se llevaban del país las empresas de comunicaciones.
Ella estaba bien. Le conté lo de Melisa y del fallecimiento de su padre. Escuché pacientemente sus consejos y recomendaciones para los “males de amor”. Flor seguía preocupada por mí, y todos los días al volver del colegio preguntaba si había llamado y qué comentarios hacía. Y como de pasada, que papá estaba preocupado por las versiones que comenzaron a circular en la empresa donde trabajaba, en la que desempeñaba una función importante y tenía muy buenos ingresos. Es una multinacional de inversiones que llegó en la época de Martínez de Hoz, y que algunos las llaman “fondos buitres”, porque generalmente traen muchos “espejitos”, rapiñan lo que encuentran en países emergentes, pagan grandes “comisiones” a los funcionarios, políticos y gremialistas corruptos y traidores, y se van.
Pero nosotros la considerábamos seria porque duró mucho tiempo y se afianzó más –en realidad “rapiñaban” mucho más- durante el gobierno de Menem y la gestión económica de Cavallo. Era cuando “formábamos parte de los países del primer mundo”, porque regalamos y rematamos el nuestro. Y también manteníamos “relaciones carnales” con ellos, aunque siempre de modo pasivo y en todas las posiciones del Kamasutra.
La cuestión es que por la gran crisis económica, la creciente deuda externa e interna y el gobierno debilitado de De la Rúa, muchas firmas extranjeras comenzaron a retirarse y a llevarse los dólares. Eran los grandes temas de debate en la Facultad, donde yo participaba activamente por mi creciente interés en las Ciencias Sociales.
Pero en ese momento no me preocupé demasiado; estaba de vacaciones y quería disfrutarlas.
Al despedirme de mi madre me comprometí en llamar al día siguiente, cuando estuvieran Flor y papá, para saludarlos.

XXI
El viernes a la noche me dediqué a recorrer la calle Lincoln, uno de los ejes de la actividad gastronómica y de los paseos de compras de última hora. Luego de una picada con cerveza, me fui a recorrer los bares y pub de South Beach. Todo es pura diversión, música, ritmo, color, tragos y más… ¿Posibilidades de conseguir algo?: por mil, en bandeja. Pero no quería correr riesgos.
Volví con las primeras luces del día, dormí hasta las tres de la tarde, comí un sándwich que tenía en el refrigerador de la habitación, cargué la ropa sucia y las fichas para una máquina del lavadero del hotel, y luego de atravesar la puerta trasera del mismo edificio me instalé en las arenas de la extensa playa de Miami.
Al atardecer fui al cine, en la calle 8 de la Pequeña Habana, con la idea de completar la noche del sábado en Bayside, en el Downtown o centro de Miami. Este es otro de los grandes centros de entretenimiento, compras y gastronomía, y de donde parten distintas embarcaciones para conocer por vía marítima las mansiones de artistas y personajes del espectáculo, entre otros.
Más que disfrutar de la película, con mucha acción y despliegue de sofisticados armamentos, vehículos y equipos tecnológicos, además del “heroísmo y sacrificio” de militares, espías y policías norteamericanos, me entretuve observando la reacción de algunos espectadores. Especialmente las mujeres latinas y los chicos, insultaban y gritaban cuando comenzaban ganando los “malos”, y aplaudían y saltaban cuando triunfaban los “buenos”.
Era uno de los efectos de la avanzada y sistemática propaganda yanqui, ya advertida por Noam Chomski en una nota periodística sobre la propaganda en Estados Unidos, y recreada en diversos trabajos y documentales, como los de Michel Moore. El clásico enfrentamiento de alemanes y aliados, indios y cowboys, comunistas y anticomunistas, pasando por marcianos y terráqueos, demonios y santos, entre otros. Por supuesto, los que ganan son los que tienen realmente el poder, y pueden hacer lo que quieran a su real antojo.
También ocurren discusiones entre los propios cubanos en Miami, como la que presencié en un colectivo. Es según cómo extrañan a su país de origen, o el grado de satisfacción por residir allí. Mientras una mujer agradecía la libertad, la comodidad, el trabajo, los bienes de consumo y todos los beneficios proporcionados por EEUU; un hombre le expresaba que todo eso no supera a la satisfacción de vivir en la “propia casa” que lo vio nacer, así sea humilde, y que por circunstancias fortuitas y diferencias de ideas tuvo que abandonar. E incluso sostuvo que el propio gobierno de EEUU, de modo encubierto, siempre apoyó política y económicamente al régimen de Castro, para tener alguien con quien diferenciarse interna y externamente como el bueno y generoso, ante el malo o demoníaco.

XXII
Salí antes de medianoche del cine con la idea de tomar un taxi hasta Bayside. Sobre el borde de la vereda, esperando que alguien lo hiciera cruzar, nada más y nada menos que el viejo ciego que casi atropello días atrás.
Me acerco para ayudarlo, y al intentar sostenerlo del brazo, me sorprendió tomándome fuerte de la mano.
-¿Juan…?
-¡¡¡¡¡¡¡?????
-¡Juan. Finalmente te encontré!
-¡Cómo sabe mi nombre? ¿No es ciego? ¿Por qué engaña a la gente?
-Soy ciego, hijo. Pero te veo y conozco sin mirar, por tu energía especial y lo que percibo de tus manos. Te esperé toda mi vida sólo para darte un mensaje.
-¡Suélteme… Se está confundiendo… No soy de aquí… Yo no lo conozco… Disculpe pero me tengo que ir..!
-Espera. Tienes todo el tiempo del mundo, pero el mío termina ahora. Por favor, escucha…
-¿?...
-Debes buscar la higuera. Dentro de poco, aunque sufras y pases por situaciones duras. Después que encuentres la higuera y pruebes su fruto, que no es prohibido, conocerás más de ti, de los demás y de las cosas. Y lo oculto será revelado; lo ocultado será descubierto; y comenzará a romper el sexto sello. Tú y muchos más no deben temer a la gran revelación o Apocalypsis. Te dejo mi bendición, Juan…

XXIII
Otro de los viejos locos que existen en todas partes, pensé mientras viajaba en el taxi. Me confundió con otra persona. Qué casualidad lo del nombre, aunque resulta común.
Y fui rememorando las frases que dijo. ¿Que busque la higuera? ¿Dónde? ¿Será allí, en España, o cuando regrese a la Argentina? ¿Qué tiene de especial una higuera y su fruto?
A partir de ahora, por si acaso, no pienso probar los higos. Y me acordé de una frase en latín, como si fuera a conjurar una maldición: “Vade retro, Satanás”. Para los higos y cualquier cosa extraña.
¿Qué será lo oculto? Quizás mis pecados sexuales. Tendré que ir a confesar y comulgar, aunque nunca lo hice después de mi primera comunión. Pero así descargaré mis culpas con algunos rezos.
Lo que no entiendo es la rotura del sexto sello. ¿Será alguno por mi profesión? ¿Sello oficial, judicial, particular?
Y que no tenga miedo al Apocalypsis. Bueno, sé que es de la Biblia y nunca se me ocurrió leer, pese a las películas como “Los 4 jinetes del Apocalipsis”, y tantas menciones que se hacen.
Justo llegaba a destino cuando me comprometí a conseguir una Biblia, o leer esa parte en algún sitio de Internet.

XXIV
Realmente disfruté con mi recorrida por Bayside. Gran cantidad de gente de todas las edades. En la parte central montaron una especie de escenario, y varios conjuntos e intérpretes latinos le dieron ritmo a la noche.
Me dediqué a devolver la mirada, con guiños incluidos, a las veteranas que se movían al compás de la música, ya que las de mi edad estaban todas acompañadas.
Comencé a entonarme con cerveza Corona con limón, y luego hice una picada de camarones a la sartén con una salsa especial. Espectacular. No podía faltar la recorrida en una embarcación por la zona de los famosos, para luego volver al hotel y desmayarme en la cama.

XXV
Quizás dormí profundamente o no estaba tan cansado, porque al mediodía del domingo desperté y no podía seguir en la cama.
Tomé un baño, preparé con el microondas un café instantáneo y me fui a la zona de la calle Lincoln con la idea de buscar algún lugar para almorzar milanesa, bife o algo con carne de vaca, que ya extrañaba. Casi todo lo que comía era pollo, cerdo, hamburguesas, arroz, frijoles, papas fritas o puré, y la popular pizza, de las que probé algunas muy buenas.
Alrededor de las 3 de la tarde comencé a caminar por la avenida Washington, un poco desilusionado, porque recién entonces se me ocurrió preguntar y me enteré que existían muchísimos restaurantes argentinos, pero muy dispersos, y varios cerca del hotel donde yo estaba.
Decidí entrar en uno italiano, muy atractivo por fuera e imponente por dentro, con colores en los que predominaban el negro y rojo, e iluminación evidentemente colocada por profesionales, que destacaba el buen gusto en la decoración hasta en sus mínimos detalles.
En la puerta, un maitre elegantemente vestido con traje de corte europeo, todo de negro, preguntó en inglés qué idioma hablaba, me condujo hasta una mesa y llamó a una de las jóvenes “mozas” para que me atienda.
Me impactó. Delgada, estilizada, de mi altura, piel blanca y cabello renegrido, con simpatía y belleza especial.
Vestía un amplio gorro chato y gran moño en el cuello de varios pliegues, ambos negros, que le daban un toque como al estilo de los pintores italianos de otras épocas; camisa roja borravino; pantalón negro y un delantal del mismo color que le cubría desde los pechos hasta la cintura, y se extendía hacia los costados de las piernas hasta casi llegarle a los pies. Quedé mirándola deslumbrado y me saludó con una pícara sonrisa, para luego ofrecerme el menú y las recomendaciones del día.
Se llamaba Rocío, dijo que tenía 21 años, colombiana, quien al final de un buen plato de pastas que me sirvió, aceptó que la esperara hasta terminar su jornada de trabajo, para invitarla a tomar un helado. La propina es obligatoria, entre 10 y 15 por ciento, y le dejé un 20, para luego aguardar en un bar.

XXVI
Al reencontrarla, me dijo recién entonces que el helado no le gustaba mucho. Además, el restaurante tenía un proveedor del producto, tipo artesanal italiano, excelente. Por lo tanto me invitó a su departamento.
Era relativamente cerca, de dos habitaciones, que compartía con una amiga venezolana, quien trabajaba en una empresa de telecomunicaciones y tuvo que viajar por unos días a México.
Tomamos un refresco con algo de alcohol, pidió que espere para darse un baño, volvió con una bata semitransparente y gotas que aún le corrían por el cuello, preparó otro trago, brindamos por cualquier cosa, y lentamente comenzamos a besarnos.
Me dio cátedra de relación sexual. Como le gusta a la mayoría de las mujeres, dijo.
Empezó a explorar y descubrir mis zonas más sensibles, quedándose a disfrutar y hacerme disfrutar por un buen tiempo en cada una.
Luego pidió que haga lo mismo con ella. Como buen alumno, conocí entonces la diversidad y graduación de los placeres sensuales, sin penetración, salvo de mi lengua en sus cavidades.
Comenzó a mojarse entera y a tener breves convulsiones orgásmicas, mientras yo estaba a punto de explotar. En cierto momento me inició sexo oral hasta que reventé en su boca, con la sensación de que vacié mi cerebro, porque quedé con la mente en blanco y una laxitud total del cuerpo.
Sin darnos cuenta, por cansancio o relajamiento, dormimos algunas horas.
Al despertar nos entró la desesperación por reanudar el juego pero con penetración, logrando ella varios orgasmos antes de llegar al mío.
Como trabajaba media jornada pidió que me quede hasta el día siguiente. A la noche salimos a tomar unos tragos, y conversamos e intercambiamos datos de cada uno.
Le comenté de mi profesión y mi familia en la Argentina, mi estadía en el hotel, las vacaciones que continuarían en España, el curso de paralegal y la idea de instalar una oficina allí, en el futuro, para brindar servicios internacionales en conexión con colegas yanquis.

XXVII
Volvimos al departamento, seguimos experimentando sexualmente, y después que nos relajamos me sorprendió con una propuesta: que deje el hotel, fuera a vivir con ella y ayude con el alquiler (por lo general oscilaban, según la ubicación, entre 700 y 2.500 dólares), y que me presentaría al manager para desempeñarme media jornada en el restaurante, con muy buenos ingresos, hasta que tuviera que continuar mi viaje.
Me explicó que siempre necesitan personas de ambos sexos, jóvenes, muy buena presencia, del tipo latino, y que dominen dos o más idiomas para atender a los y las clientes, muchos de edad avanzada que se “ratonean” un poco y dejan buenas propinas.
No me acuerdo si alcancé a pensarlo dos veces. Pero al día siguiente la acompañé al trabajo, hablé con el manager, me dijo que necesitaban un maitre que domine muy bien el español e inglés para el turno noche, pero que debería comenzar por un tiempo con tareas simples y atendiendo las mesas, para conocer el movimiento interno.
Tenía que volver al día siguiente para probarme el uniforme, y si tenía buen desempeño me conseguirían provisoriamente algunos papeles de inmigración, pues había ingresado como turista.
Al despedirme de Rocío acordamos que me esperaría a media tarde en el departamento, para el traslado de mis cosas desde el hotel.
¡Así de simple y rápido!

XXVIII
Con mi equipaje en el vestíbulo del hotel aguardaba un taxi, cuando sentí que desde atrás me tironeaban las orejas. Era la puertorriqueña, quien había regresado sola para “completar algunos trámites”, e invitarme a volver con ella y continuar mis vacaciones con todo pago cerca de su empresa, hasta que pudiera integrarme en alguna función.
Se mostró molesta e indignada al enterarse de mi decisión. Trató de convencerme de cambiar de idea, comparando las ventajas que ella me ofrecía. Rogó y luego exigió que me quedara, acostumbrada a su voz de mando empresarial.
El taxista hizo sonar la bocina que marcó el final de esa escena tan sorpresiva como inesperada. Durante el viaje pensaba que si no se hubiera cruzado Rocío en mi camino, quizás hubiera aceptado el desafío de ir a Puerto Rico.

XXIX
El primer día en el restaurante ya me pusieron el traje de maitre porque se enfermó el de turno, y me dieron instrucciones generales de cómo desempeñarme, con apoyo del manager.
Aunque me sonrojaba al reconocerlo y pese a varias equivocaciones y errores en mi tarea, causé gran impacto por mi figura, desenvoltura y simpatía. Especialmente con contingentes de jubilados del norte de Estados Unidos, que escapan del intenso frío para abrigarse con el cálido sol de la Florida.
No me interesaba sacar cuentas, pero con las propinas obligatorias y las que me “obligaban” a aceptar los clientes, al hacer una proyección semanal, ya que se acostumbra a pagar cada siete días, superaba ampliamente el “sueldo” del restaurante.
Además del español y el inglés que hablo y escribo bien, tuve buena práctica con el francés cuando fui una vez de vacaciones con mi familia a París. Pero no conozco el italiano. Aunque suplía la falta de conocimiento aplicando la teoría de la forma y la asociación de ideas para tratar de entender las frases, ya que muchos idiomas derivan del latín, del que conocía algo y me sirvió en Derecho Romano.
Sobre ese tema, justamente, pensaba preparar una tesis para cuestionar como “herencia maldita” toda la influencia negativa de la cultura del Imperio Romano en nuestra civilización, y compararla con la griega en general, y la ateniense en especial.

XXX
El cambio fue como si hubiera ingresado a una nueva dimensión de mi existencia. Intensa, con mucha actividad en un ambiente que no era de mi profesión ni mi forma de vida. Con un ritmo que a veces era frenético pero atrapante, fascinante.
Comencé a trabajar sin que tuviera necesidad, y a mayor actividad sentía más placer que con el ocio planificado. Disfrutaba cada instante porque todo lo hacía sin el peso del compromiso o la obligación.
Por supuesto, mi situación era muy distinta al de otros argentinos que se fueron masivamente a buscar nuevos rumbos, especialmente bonaerenses y cordobeses.
Pese al rechazo evidente de los cubanos residentes contra cualquier argentino, todos trabajaban “orgullosamente” (porque en el propio país no lo hubieran hecho) como lavaplatos, con servicios de limpieza en hoteles y restaurantes, pinturas y refacciones en edificios para lo cual eran preferidos por los ingenieros, constructores y manager locales.
Y sin que falten las y los argentinos que se dedicaban con éxito a la prostitución. Y también a ofrecer sus cuerpos y salud para experimentos de laboratorios y centros medicinales, transformándose en animales de pruebas de nuevas drogas, productos desconocidos, radiaciones, cirugías y otras prácticas, sin riesgos legales para los responsables porque los “cobayos” eran habitantes “ilegales”.
Son los que prácticamente escaparon de un país rico pero fundido, destrozado por gobernantes y políticos mafiosos de los partidos peronista y radical, ya vaciados totalmente de contenido ideológico y de principios. Mi idea es que la Argentina recién iniciará su desarrollo estable cuando desaparezcan ambos monstruos partidistas, que resultan voraces con el poder, y de terror a la hora de compartir la carroña.
También se generó una clase dirigente inútil que sólo se preocupó por satisfacer sus propios intereses, mientras las distintas ramas intelectuales fueron exterminadas por los gobiernos militares depredadores y homicidas. Las pocas cepas que quedaron se emparentaron algunas con los corruptos, y las otras no tenían fuerzas para nuevos brotes de originalidad superadora.

XXXI
Con Rocío inicié una especie de Luna de Miel a medias. Yo volvía a la madrugada y ella se iba a media mañana; y regresaba a media tarde, cuando yo tenía que salir. Aunque siempre nos dábamos maña para el sexo. Durante las dos primeras semanas fueron relaciones frenéticas. Al punto que una madrugada me esperó semidesnuda en la puerta del departamento, y en el mismo pasillo me desvistió para que tuviéramos sexo: contra la pared, en el piso, contra la puerta de los vecinos, en las escaleras, iniciando un juego que mientras más se hacía transgresor, más erótico resultaba. Terminamos con las primeras luces del día tirados entre arbustos detrás del edificio, y recién advertimos la comprometida situación y entramos a las apuradas al departamento. Por suerte, casi todos los vecinos eran parejas de mediana edad o grupos de jóvenes latinos que se hicieron los distraídos; pero me imagino que varios volcanes entraron en erupción. Aunque a los dos días recibimos una llamada del administrador por la queja de un anciano que vivía solo, por ruidos molestos.

XXXII
Mientras pasaban los días, la fogosidad con Rocío se aplacaba para dar paso a una relación más sensual, sensible y de piel, evitando ella la penetración. También se quedaba muchas veces pensativa, con la mirada perdida y la libido en menos de cero. En esas circunstancias yo me concentraba más en mi gratificante trabajo. Y digo gratificante porque me sentía como un gallito al que le crecieron las alas, y apenas veía las plumas de alguien que me gustaba o me insinuaba un mínimo deseo, accedía gustoso a satisfacerlo. El manager me advirtió que había aumentado la clientela femenina, pero convenía que mantenga cierta distancia y reserva por la trayectoria del restaurante. Desde ese momento administré mejor el tiempo y las relaciones, que eran muchas y en aumento, pero sin mezclar el trabajo con el placer. O en todo caso sentía más placer por el trabajo, y tenía menos trabajo para conseguir placer.

XXXIII
Una tarde volvió Rocío del trabajo, y mientras utilizábamos el tiempo intermedio libre que nos quedaba para un jueguito sexual, sonó el teléfono y fue ella a atender. Al pronunciar el nombre supe que era la compañera de departamento que había viajado por trabajo a México. Estiró el cable y se encerró en la otra habitación.
Recién entonces me di cuenta de que en todo el tiempo que pasamos juntos, nunca se me había ocurrido preguntarle cuándo regresaba, cómo era la amiga, si podía haber problemas de convivencia en su regreso, si tenía novio o amante que pudiera instalarse allí, y muchos otros interrogantes que siempre convienen aclarar.
Sentí algunos gritos e insultos de Rocío, su llanto fuerte y desconsolado, y luego continuó hablando despacio y sollozando.
Me preparé para marchar al trabajo y antes de salir fui a preguntarle qué había ocurrido. Estaba acostada en la cama de la habitación de la amiga en la clásica posición fetal, lo que para algunos psicólogos sirve para una serie de explicaciones sobre conflictos internos. Me contestó que a mi regreso hablaríamos y me explicaría todo.
Varios signos de interrogación me persiguieron como fantasmas toda la noche…
Hice mi trabajo en posición de automático, cancelé una cita que me interesaba mucho y pedí permiso para retirarme antes del cierre del restaurante…

XXXIV
Me esperaba Rocío con un café instantáneo batido, como me gusta. Lo primero que dijo fue que la perdone por lo que me contaría, pero que lo nuestro fue una gran ayuda porque se dio en un momento de soledad para ella. La amiga y compañera era, en realidad, la amante. Se conocieron varios años atrás y comenzaron primero con un juego que se transformó en pasión. Luego en algo que, según sostenía enfáticamente, era amor. La amiga asumió el papel dominante y posesivo, además de exagerar los celos con otras amistades. Como Rocío sentía deseos también por los varones, un día de intensa lluvia la acercó un compañero de trabajo y tuvieron una relación sexual dentro del auto, frente al edificio donde residía. La amiga los sorprendió y armó un escándalo de proporciones, marchándose al día siguiente con sus pertenencias a otro lugar.
Ahora quería volver. Le dijo que la amaba profundamente. Que necesitaba estar con ella pero a solas y por mucho tiempo. Que los deseos que sentía Rocío por los varones podían suplirlos con muchos artefactos sexuales. Lo importante era lo que sentían ambas. Que eso era verdadero amor.
Finalmente, me pidió con tacto y de buenas maneras que la disculpe y deje el departamento para que pudiera volver su amiga…

XXXV
Más que sorpresa, fue un duro golpe a mi orgullo. Sentí primero que se me abrían profundas heridas, que luego cauterizaban y se transformaban en duros callos. Siguió ella hablando pero yo no estaba ya presente. Y tampoco en otro lado. Era el vacío total.
Después que se fue Rocío al trabajo llamé a un cordobés con el que había conversado en una oportunidad, y se desempeñaba como encargado temporal en un hotel de alquiler mensual de South Beach. Me instaló en una habitación que tenía todas las comodidades con otro argentino, un bonaerense de mi edad que conocí dos días después.
También al segundo día y en su horario de trabajo, con cierta resistencia fui al restaurante a devolverle las llaves del departamento a Rocío, esperando encontrar un bloque de hielo. Se acercó con una gran sonrisa y un brillo especial en su mirada. Me puso ambas manos en el pecho y me dio un suave y delicado beso en la boca. Luego introdujo sus dedos entre mis cabellos, me miró con un dejo de tristeza y me dio otro beso de despedida que me pareció el aleteo de una mariposa, para alejarse y seguir con su tarea.
Quedé desarmado, derretido, con el corazón estrujado. No concebía que una persona tan femenina y amorosa me dejara por amor a otra mujer. Que alguien que demostró tanta sensibilidad y sensualidad, fallara con su sexualidad…

XXXVI
Otra dura etapa de mi vida. Es lo que yo suponía, sin saber lo que me deparaba el futuro. Pero lo de Rocío significó un trauma para mí.
Enfermé sexualmente. Necesitaba tener relaciones todos los días: dos, tres o más veces, mientras las oportunidades se multiplicaban. No conseguía satisfacción, y al tiempo que disminuían mis orgasmos, aumentaba mi resistencia, que más bien era deseo de aparentar potencia masculina o falso “machismo” sexual. Las propias compañeras de trabajo que conocían la relación con Rocío y el desenlace comenzaron a buscarme, al igual que algunas de sus amigas. No faltó una que fue a comentarle que de pareja suya pasé a ser el amante de todas, lo que generó un incidente que casi le cuesta el trabajo a Rocío.
Por supuesto, a las compañías ocasionales les gustaba porque me parecía más a una máquina del placer que suplía fallas de maridos, novios, amantes u otros. Las reiteradas relaciones se asemejaban más a actos o prácticas de gimnasia. Aunque nunca pagué un centavo ni recibí dinero por sexo, en algunos momentos me parecía que era un ejercicio de prostitución.
Por suerte pude reaccionar a tiempo y renuncié a un trabajo que no necesitaba y ya se había transformado en un tornado, teniéndome a mí como centro de la tormenta…

XXXVII
Sin darme cuenta pasó el tiempo. En el hotel estuve dos semanas con un compañero que casi no veía, porque marchaba a su “trabajo” y desaparecía por varios días. Me enteré que ya era residente ilegal y se sometía a experimentos medicinales por buenas sumas en dólares, que enviaba a una localidad de Buenos Aires para sostén de su compañera y un pequeño hijo. En los diarios y revistas leía avisos pidiendo “voluntarios”. En una oportunidad mandé mis datos para averiguar algo sobre el tema, pero nunca me contestaron.
También compartí reuniones con otros argentinos, mujeres y varones que formaban parte de una lucrativa empresa de compañías personales. Tenían hasta limusinas con choferes para el traslado de ellos y de sus clientes. Todos eran trabajadores necesitados en un país extraño, en el que sufrían el terrible desarraigo de sus casas, sus familias, costumbres y valores.
Profesionales y técnicos, abogados, contadores, arquitectos y otros que se dedicaron por años a sus estudios en el país, hacían de amas de casa y atendían a los hijos mientras las esposas, sin títulos y preferidas por los empleadores, se desempeñaban en supermercados, tiendas, restaurantes y hoteles, entre otros negocios.

XXXVIII
La joven esposa de un importante directivo de una empresa multinacional que viajaba permanentemente, y con la que había iniciado frecuentes relaciones, decidió beneficiarme con una parte de su asignación para gastos. Sin llegar a pedírselo ni mencionar siquiera la necesidad, puso a mi disposición, o más bien a nuestra disposición, un pequeño pero coqueto departamento en la españolísima zona de Coral Gables, adonde me trasladé desde el hotel. Le dije que lo pagaríamos a medias, “a la americana”.
Los residentes son mayoritariamente españoles de buena posición económica. Cuando caminaba frente a los restaurantes sentía el especial y atrapante aroma del azafrán que utilizan tanto en las paellas, arroces y cazuelas, entre otras comidas típicas que me traían gratos recuerdos. Como el de un tío de España que nos visitó en Buenos Aires y llevó una bolsa llena de azafrán en hebras. ¡Una bolsa llena, una fortuna, con pequeñas hebras como de oro pero de verdadera exquisitez! Nunca pude olvidar el delicioso sabor y aroma que tuvieron esas comidas durante las reuniones familiares.
Me sentía más a gusto en el lugar porque además, la arquitectura de los edificios y las construcciones tenía algunas diferencias. No eran tan “cajas de zapatos” como había definido a las construcciones norteamericanas, que en su mayoría tienen esa apariencia por afuera aunque resultan muy confortables y prácticas en su interior. Para mi gusto, no hay ciudad con rasgos más diversos y hermosos que “mi Buenos Aires querido”, como cantaba Carlos Gardel, porque resume los distintos estilos arquitectónicos de las principales capitales de Europa. Si de mí dependiera trasladaría a cualquier otra parte a los gobernantes y políticos y la declararía Patrimonio Cultural Nacional, y Capital Internacional del Turismo.
                                                                                 
XXXIX
Como mi nueva amiga no quería que siguiera a pie, en el taller de reparación de su automóvil consiguió un modelo deportivo en excelente estado, que nadie aceptaba porque era con palanca de cambios y no automático. Parecía una joyita: color rojo, dos puertas, descapotable, líneas aerodinámicas y algunos detalles que llamaban de inmediato la atención. A diferencia de cuando alquilé por primera vez un auto, ahora me sentía dueño y señor de las avenidas y autopistas. Aunque el costo era muy accesible y en cómodas cuotas, también pagamos a medias el anticipo y ella se encargaría de la reventa cuando yo emprendiera la partida. Los seguros sí son costosos.
Algunas veces, mientras disfrutaba de los paseos, sentía una extraña sensación por la facilidad con que conseguía beneficios, sin necesitarlos, mientras otros luchaban y sufrían por pequeñas cosas y hasta por la misma subsistencia.
Recordé la gran diferencia de mi situación al llegar dos meses atrás, en completa soledad y autosatisfaciendo mis necesidades sexuales. Y como en un túnel seguí retrocediendo en el tiempo hasta mi primera experiencia, a los 14 años, con una vecina de la misma edad. Yo la había encarado porque otra amiga en común, que hacía de Celestina o intermediaria, me comentó que tenía un muñequito al que llamaba Juan, con el que dormía abrazada.
Ambos perdimos la castidad o “virginidad”, pero yo la pasé peor porque se me cortó y lastimó una especie de frenillo del glande, causándome una gran inflamación. Con mucha vergüenza consulté con mi padre, quien me acompañó al médico. Este me recetó antiinflamatorio y un antibiótico por si sentía fiebre; y por razones de higiene y conveniencia, recomendó que luego me hicieran la circuncisión.
Quedé con la cabecita pelada, pero me resultaba simpática. Incluso tuve varias anécdotas con mi nuevo “amigo” pelado. Al año siguiente tenía que participar en una competencia de natación y debía pasar por la revisación obligatoria. Me hicieron desnudar por completo frente al médico, quien controló dedos de pies, manos y axilas. Luego me dijo que levante la cabeza, y yo flexioné el cuello hacia atrás.
-¡No, levantá la cabeza de tu amigo de abajo! aclaró.
En el último curso del secundario un compañero sacaba a su “amigo” durante las clases de matemáticas, física o química, mientras los profesores escribían en el pizarrón, y le dibujaba encima caras y figuras grotescas. Pronto se transformó en una competencia de “artistas plásticos peneanos”, hasta que una profesora descubrió a uno y pasamos a ser “dibujantes encubiertos”, para no resultar “castrados”. Xavier, el iniciador del singular movimiento artístico, continuó con su vocación y realizó extraordinarias obras plásticas y tatuajes fantásticos; por supuesto, con otras temáticas. Formaba parte de mi querido grupo de amigos.
También cuando cursaba las primeras materias en la Facultad de Derecho conocí a un estudiante crónico que repetía año tras año. Me acordé de mi amigo pelado y se me ocurrió un apodo para ese alumno: “cabeza de p…. (pene)”. “¿Por qué?” era la pregunta habitual. “Porque no tiene cerebro”. Me querían matar a golpes, pero todos festejaban la ocurrencia…

                                                        XL               
Ya estaba a comienzos de diciembre y se cumplirían los tres meses para el vencimiento del permiso de entrada a Estados Unidos sin necesidad de visa. Sin informarse oficialmente se anticipó que por la grave crisis económica, política y social en la Argentina, se anularía el convenio especial que EE.UU. realizó con algunos países, y en poco tiempo comenzaría a exigir la visa, que ya era restringida y excepcionalmente otorgada. De todos modos inicié los trámites para conseguirla. En unos días tendría que viajar a España o regresar a mi país.
De las conversaciones con mis padres, aunque no lo expresaban totalmente, percibía gran preocupación. En los primeros días de diciembre me comentó mi madre como de casualidad, para no preocuparme demasiado, que el máximo directivo de la multinacional donde trabajaba mi padre había sido trasladado definitivamente a México y no se designaría reemplazante. Que las versiones que comenzaron a circular eran confusas, y suspendieron temporalmente algunas inversiones. Que las operaciones comerciales más importantes se realizaban vía Chile y Brasil. Aunque no lo mencionó, yo ya sabía que las transacciones financieras seguramente se hacían a través de Uruguay, ya que siempre sirvió este país hermano, por su extraordinaria garantía jurídico-económica, para asegurar o triangular depósitos y transferencias de capitales chicos, medianos y grandes.
Me dijo también que por pedido de mi padre abriera una cuenta en alguna sucursal del Citibank, para realizar pequeñas transferencias de ahorros. Yo ya tenía una del Washington Mutual, que era lo más práctico para el uso temporal que le daría, y aunque me entregaron una caja de chequeras sólo usaba la tarjeta de débito.

XLI
La situación económica, política y social en la Argentina era cada día peor. Nunca en la historia se había vivido una crisis tan profunda. Por lo menos de lo que yo había estudiado y alcancé a leer. Y lo peor es que la crisis más grave era moral y ética. La corrupción sobrepasó todo límite. La delincuencia se había propagado. Los secuestros express estaban a la orden del día. La “mano de obra desocupada” (policías y militares expulsados de sus fuerzas por irregularidades) volvió a la actividad.
El poder de los mafiosos continuó después del gobierno de Menem, y cubría como una costra purulenta y engusanada desde la cúpula hasta los cimientos de los tres supuestos estamentos del sistema representativo, republicano y federal, que en la práctica no existía. La democracia resultaba un mito, o en realidad una burla. Los mafiosos de los tres poderes hacían lo que querían, y bailaban, reían a carcajadas y hacían piruetas obscenas con los bastones de mando que les delegaron con sus votos cada uno de los ciudadanos, confiados éstos en que ellos eran los “patrones” y serían protegidos por sus “empleados” gobernantes.
La pobreza, el desempleo, el hambre y la desnutrición causaban estragos en amplios sectores de la población, especialmente del interior del país, y aún más en el norte. Los saqueos de supermercados, almacenes y depósitos eran reiterados. Los campesinos que antes cuidaban pequeñas huertas y corrales para complementar sus comidas, se acostumbraron a manejarse con sistemas financieros, compra y venta directa, paridad peso dólar, y olvidaron la cultura y la practicidad de la economía hogareña. A esto se sumaba que ya no eran pesos los que manejaban, sino bonos o papeles pintados por los distintos gobiernos provinciales.
Después me enteré que los niños y ancianos morían con la piel pegada a sus huesos descalcificados, y sus vientres hinchados y engusanados. Las mujeres comenzaban a dar a luz niños desfallecientes y con miles de neuronas menos, aunque la educación que recibirían después tampoco les serviría. La salud era administrada “al paso” porque los centros hospitalarios y asistenciales estaban colmados, no tenían infraestructura adecuada, ni instrumentales, ni medicamentos, ni profesionales, ni personal. Los pacientes se transformaron en “enfermos o moribundos ambulatorios”.
La extraordinaria deuda externa resultaba impagable y prácticamente se entró en cesación de pagos. Originalmente fue contraída por el sector privado, y desde los gobiernos militares la incrementaron y transformaron en oficial y a cargo del Estado, o más bien “del pueblo de la Nación Argentina”. El país, por su forma geográfica quedó como una “costeleta a Cavallo” calcinada debido al ministro de Economía autor del plan de endeudamiento oficial (continuador de Martínez de Hoz), quien comenzó a regalar el patrimonio nacional y a reaparecer con otros gobernantes vendedores y rematadores (el “bife a caballo” es un plato tradicional de carne vacuna con dos huevos fritos encima y guarnición). La deuda interna, aún mayor y que nunca se pagaba, periódicamente se “licuaba” con algún artificio supuestamente legal, por lo que tantos argentinos que se deslomaron trabajando y ahorrando muchas veces de a centavos, quedaban con las manos vacías.

XLII
Dos días después de hablar con mi madre la llamé nuevamente. Me confirmó algo que ya imaginaba: cerraron definitivamente la sucursal de la multinacional en el país y todos los empleados quedaron en la calle, incluido mi padre. Aunque por la antigüedad le encargaron a él los trámites de liquidación de bienes y activos, y tenía que comunicarse periódicamente con el ex jefe en México. Me pidió que no lo llamara por ahora porque estaba muy nervioso y con bajones depresivos.
-¡Ma, viajo ya de vuelta!
-No, hijo. Justamente hablé con tu padre y me dijo que convenía que te quedes para que le ayudes con la nueva e ingrata tarea. Necesita que manejes allí algunas operaciones financieras, y también que viajes a México para realizar trámites de la empresa y consultar con el ex jefe. En realidad es más útil tu presencia allí, aunque se te corten las vacaciones.
-Está bien, ma. Ya tengo abierta la cuenta del Citi. Cuando necesite algo que me avise. Decile que no se preocupe porque va a descubrir que soy un excelente “operador”. Me transformaré en un “abogado del diablo” del “infierno financiero”. Van a ser todos unos títeres en mis manos y papá no necesitará trabajar más.
-Me alegra tu optimismo, pero no exageres tanto. De todos modos teníamos previsto tomar vacaciones, aunque ahora sean forzadas, y visitar a los parientes de España. En una de esas nos encontramos allá después de esta tormenta.
-OK, ma. Ya me estoy preparando mentalmente para mi nueva función. Los quiero mucho. Cuidalo a pa. Que no se desinfle porque yo le cubriré siempre las espaldas. A Flor le mando un abrazo de oso y un beso de sopapa. Besotes babosos para vos, jajajajajajaja… Chau…

XLIII
-Hola?
-Hola Juan.
-¡Pa, qué sorpresa, cómo…
-Escuchá con atención, Juan. Dejame hablar y no interrumpas hasta que termine…
-¡¡¡???
-Intentaron secuestrar a Flor. Había ido al cumpleaños de una compañera de colegio hoy al mediodía. Tu madre tuvo un extraño presentimiento y la buscó a la tarde. Resultó una desgracia con suerte porque advirtió a tiempo cuando la querían subir a un vehículo y la abrazó con desesperación. Las arrastraron varios metros por el pavimento a las dos, hasta que tuvieron que soltarlas para escapar porque otros padres comenzaron a subir en sus autos para perseguir a los secuestradores. Ahora están internadas en un sanatorio con calmantes porque sufrieron crisis nerviosas y tienen muchos golpes, lastimaduras y creen que algunas fracturas. Después te comento más. Quiero pedirte ahora más que nunca que te quedes y no intentes asomar ni un pelo por aquí, porque todos corremos peligro, pese a que contraté seguridad. Ya tomé la decisión de que nos vamos del país, porque no quiero seguir perdiendo lo que más quiero. Necesito que me ayudes hasta que liquide todas las cuentas y bienes. Espero que en febrero podamos irnos. No te preocupes por mamá y Flor que las cuido yo y van a estar bien. Hablame mañana temprano. Recordá siempre que te queremos mucho. Chau, hasta mañana. Cuidate Juan, que te necesitamos con nosotros…
-¡¡¡!!!

XLIV
Quedé paralizado. Sin reacción. Mente bloqueada. Con angustia. Miedo latente. Furia creciente. Impotencia total. Bronca reprimida. Más miedo. Impulso agresivo. Deseo destructor. Después terror. Todo junto. Todo separado. En remolino…
De pronto me salió un profundo grito ahogado y se me rompieron los diques emocionales. Comencé con convulsiones de llanto hasta llegar a una tormenta de lágrimas que duró bastante tiempo.
Me vino a la mente la imagen de Flor suplicando que la ayude; y yo me alejaba en vez de abrazarla y protegerla. Y de pronto, como un golpe sorpresivo y traicionero reapareció el fantasma de Rodolfo, nuestro hermanito menor…
Me volvieron las convulsiones de un llanto hacia adentro, nervioso, incontenible, desequilibrado y lindante con el paroxismo y la locura.
Ahora eran los dos que me estiraban los brazos pidiendo que los ayude, exigiendo que los socorra, golpeándome porque me quedaba estático. Y yo me veía impotente porque no tenía brazos ni piernas para acudir en auxilio de ambos.
Finalmente Flor era arrastrada por las ramas de unos árboles hasta desaparecer; y Rody quedaba flotando en las aguas de la piscina de casa, donde realmente murió ahogado en un descuido mío…

XLV
No pude dormir en toda la noche. O quizás sí, por las pesadillas terroríficas que tuve, aunque me resultaban reales. Recién entonces recordé y comprendí exactamente las palabras de Flor cuando me despidió en Buenos Aires: “¡Es que no quiero que te vayas! ¡Tengo mucho miedo de que te pase algo y voy a quedar sola en casa!”, “…voy a quedar sola en casa”, “…voy a quedar sola en casa”, “…voy a quedar sola en casa”. Era un eco que me martillaba el cerebro…
A ella también le dolía la muerte de Rodolfo, quien más que el hermanito menor era nuestro muñequito de juegos. Sus brazos y piernas parecían rollitos de masa pegados entre sí. Nos gustaba verlo cuando mamá lo bañaba y él pataleaba en el agua disfrutando del momento. Entonces lo distraíamos con una canción inventada y usando el diminutivo de Rody, hasta que mamá se prendía en el juego y hacía como de corrernos, reclamándonos que lo llamáramos por su nombre: Rodolfo.
Estaba aprendiendo a caminar cuando me encargaron que lo cuidase en el jardín de casa. Yo entré a buscar algo en mi habitación y demoré. Y Rody se sintió atraído por el agua de la piscina…

XLVI
Las competencias de natación formaban parte del tratamiento psiquiátrico que comencé a recibir. En todas me destacaba. Aunque mis sucesivos triunfos no se debían realmente a un espíritu deportivo, sino a una sobre exigencia personal fuera de lo normal. En las primeras épocas sentía como que estaba Rody en la meta, y yo procuraba llegar de inmediato para sacarlo del agua.
Con el tiempo fui amortiguando mi sentimiento de culpa. Seguía triunfando en los torneos de natación porque había adquirido buena preparación física y técnica adecuada. Psicológicamente estaba bien y ya relajado. Hasta que en una oportunidad otro competidor me hizo una pequeña trampa que me frenó y llegué segundo. Al salir comencé a golpearlo y lo lesioné, por lo que me descalificaron y suspendieron por un extenso período. Desde entonces abandoné las competencias y practicaba natación sólo por placer.
También desde entonces me abandonó casi definitivamente el fantasma de Rody; hasta ahora…
Al fijarme en la hora, me di cuenta de que ya debía hablar a mi padre. Y comencé a temblar. Tenía miedo de recibir alguna mala noticia. Me quedé quieto tratando de controlar el temblor del cuerpo.
Fui rememorando lo que me dijo la noche anterior, cuando destacó que “Ya tomé la decisión de que nos vamos del país, porque no quiero seguir perdiendo lo que más quiero… Recordá siempre que te queremos mucho”, hasta llegar a la frase final: “Cuidate Juan, que te necesitamos con nosotros…”. Fue el mejor bálsamo para mis heridas. Desaparecieron los temblores de cuerpo. Era una bocanada de aire puro para mis pulmones contraídos por los nervios. Sirvió para levantar mi ánimo, alma o morada interior aplastada. Recuperé las fuerzas perdidas y me comprometí a luchar para enfrentar las adversidades. Se me grabó a fuego la trillada y remanida frase “No hay mal que por bien no venga”, y decidí adoptarla para transformar los males en beneficios.
Marqué los números del teléfono de mi padre…

                                                     XLVII                                                   
-Hola pa, cómo están Flor y mamá?
Quedé sorprendido por mi tranquilidad y entereza al hablar. Me reconfortaba el hecho de no transmitirle más preocupación. Imaginaba el infierno por el que debía atravesar. Con serenidad quería transmitirle mi apoyo, además de hacerle entender que podía confiar en mí para descargar gran parte de sus problemas y preocupaciones.
Noté mucho cansancio y pesadez en su voz, sin la tensión extrema de la noche anterior. Me comentó que ambas seguían durmiendo por efecto de los sedantes. Por suerte no hubo fracturas, aunque sufrieron muchos golpes en todo el cuerpo, con lastimaduras mayormente en brazos y piernas.
Agregó que la policía había logrado identificar a uno de los integrantes de la banda de secuestradores y realizaban operativos para su captura. Un subcomisario amigo le comentaba algunas novedades. Con su familia compartíamos algunas reuniones, e incluso tenía dos hijos de nuestra edad con quienes jugábamos.
Prometí hablar después del mediodía…

XLVIII
Cuando hablé a la tarde, mamá estaba despierta y lo primero que hizo fue preguntarme cómo estaba yo y me recomendó que tuviera cuidado con todo, especialmente al manejar el auto. Ella había atravesado por una terrible situación y se preocupaba por mi. Flor también había despertado pero volvió a dormirse. Ambas se recuperaban de las lesiones, pero me imaginaba que el trauma psicológico duraría un buen tiempo.
Seguí hablando con papá, quien me comentó que hasta el mediodía habían logrado atrapar a los cinco integrantes de la banda que intentó el secuestro de Flor. Me sorprendió la eficacia policial y le hice un comentario al respecto. Dijo que después me daría más detalles, pero la trama de todo era muy amplia. Que aparentemente hubo delaciones, traiciones, entregadas y otras cuestiones internas y propias del mundo delictivo.
Quedé en hablarlo a la noche…

XLIX
Comprobé que la noche influye de infinitas maneras en cada ser. Me di cuenta recién en esa oportunidad de reflexión, antes de llamar a mi padre y con la tranquilidad de saber que los hechos ocurridos no resultaron tan graves, que la caída del Sol nos introduce en un nuevo mundo que a veces resulta mágico.
La noche anterior había transitado por un mundo de terror, de culpas desgarrantes y desasosiego. Y ahora, mientras conducía mi auto por las avenidas costeras de Miami para relajarme, por otro donde miles de espejos pugnaban por reflejar cada partícula de mi espíritu, que por extraño motivo sentía henchido de paz.
Será por la luz de la Luna que corta las tinieblas; la oscuridad que invita a la calma y al sosiego tras la intensidad de la jornada diurna; el aire que inicia su proceso de purificación natural; el relajamiento que empuja desde adentro a nuestros instintos naturales; la necesidad de compartir o simplemente reservar nuestros deseos y sentimientos, buscando a familiares y amigos o aislándonos…

L
Esa noche, la comunicación con mi padre fue distinta a la de siempre. Sentí que me hablaba como se conversa con un amigo, un compañero, de igual a igual. Primera vez que tenía esa “onda” natural y una conexión fluida y prolongada, ya que siempre hablaba lo necesario y se enfrascaba de inmediato en sus asuntos laborales.
Comenzó diciéndome que mamá se recuperaba bien pero Flor tenía pesadillas y mencionaba mi nombre y el de Rody, aunque al despertar actuaba normalmente. Y siguió con el relato de los secuestradores según datos que le transmitió el subcomisario amigo, y otros que se conocen del submundo del hampa.
El cabecilla del grupo pertenecía en realidad a otro que sólo secuestra y recluta jovencitas para la prostitución. Decidió separarse y armar su propia banda pero para secuestros con pedidos de rescate, con la idea de conseguir mayores ingresos. Cometió los errores de romper los códigos mafiosos y de reclutar gente inexperta, por lo que los ex compañeros decidieron delatarlo para cubrir sus propias espaldas, con el acuerdo, complicidad o consentimiento de algunos miembros “rentados” de la fuerza policial.
Amplió la historia de los secuestros destacando que para esos delitos también se aplica la ley de la oferta y la demanda, por lo que se transformó en un gigantesco negocio internacional. Así es que los recién nacidos y bebés de pocos meses son destinados a la adopción; los niños y jovencitos al tráfico de órganos, que es lo más escalofriante; y las jóvenes y también algunos varones a la prostitución, especialmente si son castas o vírgenes, lo que multiplica extraordinariamente su valor. Los secuestros para rescates son realizados por bandas también profesionales pero distintas, que se manejan con ciertas técnicas y códigos especiales, e integran muchas veces ex miembros de fuerzas de seguridad.
Yo conocía algo de todo eso, pero recién entonces comprendí la verdadera dimensión de semejante “comercio” de personas. 

LI
Aunque parezca increíble, en los siguientes días y aún a la distancia sentí que estaba más conectado física y espiritualmente con mi familia, especialmente con mi padre, que cuando me encontraba en mi propio hogar de Buenos Aires. Hablaba dos veces por día y Flor me contaba que pese al gran susto tenía mucha fuerza interior. Mamá seguía con sus recomendaciones que yo escuchaba pacientemente, porque reconocía que gracias a su extraordinario instinto materno se salvó Flor. Y papá comenzó a darme instrucciones sobre los trámites bancarios y financieros que debía realizar. 
También aproveché que mi amiga estaba de viaje para recorrer y conocer distintos lugares de Miami. En una oportunidad pasé nuevamente por la Calle 8 de La Pequeña Habana, entré al bar donde había solicitado mi primer “desayuno americano” y repetí el pedido, que comencé lentamente a consumir. Me acordé del viejo ciego al que casi atropello y que luego me dio los extraños consejos sobre una higuera y el higo que debía comer, ciertas revelaciones, el rompimiento de un sexto sello y el apocalipsis. Pregunté al encargado del bar y a otras personas, y me dijeron que había desaparecido por completo hacía un mes y medio aproximadamente. ¿Habrá sido después de hablar conmigo, ya que él mencionó que no tenía más tiempo? ¿Adónde habrá ido, estará vivo…?

LII
Mientras hacía los trámites bancarios y financieros para mi padre y la cerrada empresa donde trabajaba, me enteraba de la caótica situación política, económica, social y de varios otros rubros por la que atravesaba la Argentina.
Los diarios, radios, informativos televisivos y otros medios de EE.UU. le daban más espacio y tiempo a los discursos, insultos y decisiones del presidente venezolano Hugo Chávez, que a la revolución social que se gestaba rápidamente en mi país. Lo cual confirmaba mi idea de que los yanquis siempre necesitan algún “diablo enemigo” para compararse en su plan de propaganda (el resto de América no interesaba), porque Fidel Castro ya estaba viejo y “sin combustible”. Mientras ambos aparecían como “contrarios hasta la muerte”, Fidel siempre fue “sostenido y bancado”, y Chávez con su petróleo era otro “capitalista asociado”.

LIII
Un día fui a la sucursal del Citi donde abrí la cuenta a la orden indistinta mía y de mi padre, y consulté con una de las asesoras, una mujer de edad media nacida en Colombia, quien me asombró con sus conocimientos financieros. Recomendó que de inmediato hiciera todas las transferencias posibles de capitales. Según su experiencia y conocimientos históricos de las políticas financieras en el mundo y especialmente en Latinoamérica, ocurriría un quiebre gravísimo del sistema.
Las mejores señales eran la fuga masiva de capitales y el cierre de multinacionales en el país, acompañada por la paralela transferencia al exterior de divisas por montos multimillonarios, que realizaban los principales gobernantes y dirigentes políticos de la Argentina que se dedicaron a robar. Y muchos lo hacían con valijas diplomáticas cargadas de dólares.
Me comuniqué de inmediato con mi padre y comenzamos a transferir sus ahorros, que no eran extraordinarios pero sí importantes para el sostén de la familia por un buen tiempo. Sobre un capital remanente me aconsejaron que no convenía dejarlo en los bancos del país y sí invertir en la compra de propiedades.
En cuanto a los capitales de la empresa donde trabajaba mi padre, ya habían sido transferidos mucho antes y sólo restaba la liquidación de propiedades y otros bienes, para lo cual yo tenía que viajar a México a fin de conseguir unos poderes. Al parecer, a los directivos no les interesaba volver por el momento al país pero sí invertir en otros vecinos.
Supuestamente, a nivel internacional se proyectaba otro tipo de estrategia sólo con la Argentina por su característica especial con las prácticas corruptas, ya institucionalizadas por el dominio político de la mafia neoperonista, acompañada por el socio radical también corrupto y complaciente que siempre terminaba bajándose los pantalones. En ese sentido, se preveía fomentar el capitalismo nacional con cierto control desde afuera, para que los directivos extranjeros de las multinacionales no tuvieran necesidad de estar en el país.

LIV
Estaba en el aeropuerto de Miami con pasaje ida y vuelta a México. Me serviría para renovar los tres meses de autorización de ingreso a Estados Unidos mientras conseguía la visa.
Entonces sentí el “flechazo” de Cupido. Me dirigía al sector previo a embarcar cuando la vi. Fue un auténtico “amor a primera vista”. Era lo más bello que había visto en mi vida. No tendría más de 20 años. Cabello castaño rojizo semienrulado, con mechones laterales trenzados por encima de unas hermosas orejas y unidos atrás con un pequeño moño rojo. Ojos marrones con suaves tintes verdes; nariz levemente respingada; algunas pecas en los pómulos; labios que daban ganas de morder; y un cuerpo mediano, estilizado y que a mí me parecía perfecto. Me acerqué de inmediato, como si fuera un imán que me atraía.
-Hi
-Hola. También hablo español.
-¿Cómo sabías?
-Se nota que tú eres latino. Y diría que argentino, verdad?
-¿Cómo puedes saber?
-Porque los argentinos son distintos al resto de los latinoamericanos. Tienen características europeas. Soberbia propia al margen diría que, en general, tienen “más presencia”.
-¿Y cómo puedes darte cuenta?
-Porque es parte de lo que me apasiona, la antropología, y que me lleva a averiguar algo más en México.
-¿Cómo es tu nombre?
-Eva.
-Yo soy Adán… Disculpa… Juan.
Fue suficiente para que ambos comenzáramos a reír, y yo terminara con mis reiterados “comos” de interrogación.

LV
La “conexión” con Eva fue inmediata y de lo más natural. Nos sentamos juntos en el avión pese a tener diferentes asientos y entablamos una conversación espontánea y entusiasta.
Me dijo que tenía 20 años; hija única; pasaba unas minivacaciones en la Florida con sus padres, ambos profesores en la Universidad de Austin, Texas; que él era norteamericano y enseñaba Historia Universal, y ella española y dictaba Literatura Hispana.
También que ambos se conocieron y se “flecharon” en Madrid durante un intercambio estudiantil de su padre; que su madre era católica practicante extrema, o más bien extremista, al punto que le hizo prometer, jurar y hasta sacramentar durante una misa que se mantendría virgen hasta su casamiento (pese a la espontaneidad del comentario le surgió una corta risa nerviosa y algo de color en el rostro, al darse cuenta de que me estaba enviando un mensaje encubierto con respecto al sexo, lo que a su vez me agradó y excitó porque significaba que yo también le gustaba y le atraía).
Después de ese comentario nos quedamos callados y ensimismados durante unos minutos, aunque a partir de entonces comencé a notar un extraño flujo e intercambio de ondas o energía no meramente sexual, sino diversa. Para mí fue como una revolución de hormonas que me recorría todo el cuerpo. Como una corriente continua que iba del cerebro al sexo y volvía, cual serpiente excitada y enloquecida.

LVI
Cuando llegamos al aeropuerto de México DF decidimos acompañarnos en nuestros respectivos recorridos, y alquilamos habitaciones contiguas en un hotel céntrico de mediana categoría. Eva tenía previsto hacer varias consultas en la Biblioteca Nacional sobre antropología americana, y yo concurrir a las oficinas de la multinacional que había abandonado la Argentina.
Después de acomodar nuestras cosas en cada habitación, bañarnos y mudar de ropas, salimos a dar un paseo por la ciudad. En la misma cuadra del hotel escuché un saludo: “Hola Juan”. Me di vuelta y sólo encontré a un hombre que pedía limosnas con un cartel que decía “sordomudo”, quien me miró fijo y luego desvió su atención. Me recorrió un escalofrío y apuré la marcha.
Caminamos por distintos lugares y al atardecer entramos en un bar y restaurante, donde pedimos los clásicos tacos y otras comidas mexicanas, todas “picantes”, acompañadas con la cerveza tradicional.
Volvimos al hotel, nos saludamos e ingresamos a nuestras respectivas habitaciones, con el compromiso de salir al día siguiente para cumplir con nuestras tareas previstas.

LVII
Lo único que hice en la habitación fue abrir un pequeño refrigerador, sacar una cerveza para tomar, ponerme a meditar sobre lo ocurrido en las últimas horas, y pensar en Eva. Sentía un nudo en el estómago. Me atraía tanto que desesperaba. Recién la conocía pero ansiaba estar con ella, abrazarla, acariciarla, besarla, mimarla. No era sólo un deseo sexual, como en tantas otras oportunidades, sino una necesidad del alma.
No pasó una hora cuando tocaron en la puerta. Era ella.
-Disculpa. Me sentía sola…
-Puedes pasar. Estaba pensando en vos…
-¿Tú también te sientes solo? (me enloquecía el timbre de su voz, y el tono y lenguaje español característico, que evidentemente tomó de su madre).
-Me siento solo de vos…
-Eres un poco cursi. Pero me gusta…
-La verdad, vos me gustas mucho…
-Oye Juan, quiero aclarar algunas cosas. Tú también me gustas mucho, y me produces extrañas y profundas sensaciones. Nunca ofrecí tanta confianza ni establecí una amistad tan rápido como contigo. Pero debes saber que tengo una promesa que cumplir, y el sexo está vedado para mí…
 -El sexo no me interesa tanto. Sólo deseo tocarte, acariciarte, y si puedo, robarte un beso…
-Bueno… Me siento un poco desorientada… Son muchas emociones… Y contradicciones… Siempre estuve reprimida, y más por la influencia católica de mi madre… Pero no sé qué me pasa contigo…
La tomé de las manos y comencé a besárselas suavemente. Una especie de corriente eléctrica se apoderó de nosotros, porque noté que se nos erizaba la piel. Me acerqué, pasé la punta de los dedos por sus labios y se estremeció, por lo que me animé a apoyar los míos en su tentadora boca.
Todos mis movimientos eran suaves y lentos. Fui explorando cada centímetro de su piel, deteniéndome detrás de sus orejas y en el cuello, como había aprendido de Rocío, con la diferencia que ahora me embargaban sentimientos muy distintos y profundos. Los suaves quejidos y estremecimientos de Eva me enloquecían más.
Bajé lentamente a sus pechos y luego a su bajo vientre, cuando ella reaccionó con temor. Le prometí que no rompería su compromiso de “virginidad física”. Que sólo la besaría y acariciaría para experimentar juntos el placer de los juegos amorosos. Me demostró su confianza relajándose totalmente y entregándose al intercambio sensual, volcando también su pasión y deseos.

LVIII
Perdimos la noción del tiempo hasta llegar al sexo oral mutuo, con la posición conocida como “69”, cuando ella alcanzó reiterados orgasmos.
-Es hermoso, Juan… Tanta sensación de necesidad y luego de plenitud que te golpea y produce un escalofrío de gozo… También depende de ti, porque me gustas demasiado… Tuve algunos amigos y novios con quienes intercambié besos y caricias, pero nunca como ahora, contigo… Deseaba tanto sentirte, pero además de mi promesa estoy en pleno período de ovulación, según el método Billings que también me dio para leer mi madre, porque es el único aceptado por el catolicismo…
-Yo descubrí que sos el amor de mi vida…
Nos quedamos abrazados y en silencio por un rato, hasta que ella fue a darse una ducha. La seguí y comencé a pasarle el jabón por todas partes, como si fuera un rito de limpieza y purificación de su cuerpo, mientras contemplaba sus curvas tan femeninas y perfectas, de increíble belleza. Ella hizo lo mismo, y al llegar a mis genitales me preguntó si era judío, por el corte del prepucio (seguía con su obsesión por la antropología, y sólo faltaba que yo le pregunte si era descendiente de la Eva bíblica). Le respondí que por la religión no, pero que uno nunca sabe quiénes fueron en realidad nuestros antepasados más antiguos.

LIX
Terminamos de enjuagarnos, cerramos el agua y quedamos parados en la bañera, con ella dándome la espalda. Mientras le besaba la oreja y el cuello crucé mi brazo izquierdo para acariciarle los pechos, y con la mano derecha cubría y masajeaba lentamente todo su pubis y frotaba su clítoris.
Mi pene se unió desde atrás a mis dedos para frotar los suaves labios externos de su sexo, cuidando de no penetrarla. Eva comenzó nuevamente a excitarse y a lanzar gemidos de placer, que aumentaban de intensidad.
-Juan, deseo tanto sentirte adentro…
-No debemos hacerlo…
-Por favor, te necesito…
-Tu promesa…
-No importa ninguna promesa, es absurda… Deseo sentirte… Me quemo adentro… Quiero que seas mío y que me hagas tuya… Por favor, no aguanto, te necesito…
Yo estaba también como un volcán. Con los dedos fui dilatando los labios de su sexo y abriendo la vagina. Mientras la penetraba lentamente, en la misma posición desde atrás, sentía que se paralizaba el tiempo, que estaba en otro espacio.
Eva tuvo una pequeña crispación de dolor, al rasgarse su himen virginal, pero su deseo era más fuerte y siguió pidiéndome más.

LX
Comenzamos a movernos en una danza sexual frenética y delirante. Sentí abundante líquido caliente que corría por mis genitales y mis piernas hasta escurrirse en el piso de la bañera. Los puntos “G”, “A” y todo el abecedario de Eva hacían que desbordara de fluidos.
En un momento dado, volví a sentir la intensa corriente de energía que atravesaba todo mi cuerpo y serpenteaba de ida y vuelta desde mi mente hasta mi sexo. Percibí de inmediato que ella sentía lo mismo, como si fuera un reflejo.
Nuestros movimientos se hicieron más lentos, no sé si de modo consciente o porque nuestros sentidos comenzaron como a anestesiarse. La energía interna aumentaba y amenazaba desbordar.
De pronto hubo como un estallido deslumbrante entre ambos. Fue como si la corriente de energía surgiera del interior de cada uno y se transformara adoptando la imagen de serpientes o víboras que giraban enloquecidas una alrededor de la otra, ascendiendo en remolino alrededor de un eje hasta chocar entre sí y generar una explosión que nos hizo perder el sentido.
….
Cuando despertamos, estábamos acostados y abrazados en la bañera en la posición de “cucharita”…

LXI
Eva insistió tanto en acompañarme a las oficinas de la multinacional, en lugar de asistir a la biblioteca, que tuve que aceptar. De todos modos yo también prefería su compañía, y disfrutaba de cómo se me “pegoteaba” con besos, caricias y mimos.
Al encontrarme con quien fue jefe de mi padre en la Argentina, me explicó que no era de urgencia tramitar los poderes. Más bien era una excusa que acordó con mi padre, de quien tenía muy buen concepto, y me acompañó de inmediato a la oficina del CEO de la empresa para el área del ALCA. Luego de una entrevista durante la cual me preguntó sobre mi profesión, mis conocimientos de idiomas, mis intereses, mi breve gestión financiera y bancaria, entre otros temas (se asombró cuando le dije que tenía 24 años de edad), ¡finalizó contratándome a prueba como agente de negocios para desempeñarme en México, Estados Unidos y Canadá!!!
Era un día jueves, y debía presentarme el lunes siguiente para iniciar unas jornadas de capacitación. Cuando salimos del edificio y le comenté la novedad a Eva, se me colgó encima y comenzó a besuquearme por entero, ante la mirada sonriente de los transeúntes. Me sorprendía de modo creciente con su naturalidad, espontaneidad y tantas muestras de afecto pese a que recién nos conocíamos.
De inmediato me hizo una propuesta: viajar esa tarde y por el fin de semana a Cancún, “para hacer el amor” todo el tiempo…

LXII
Apenas nos instalamos en el hotel de Cancún, comenzó a desvestirme con desesperación mientras me besaba y acariciaba. Parecía totalmente liberada de la fuerte represión moral impuesta por las creencias católicas de la madre. Cuando le dije de usar recién entonces un preservativo, lo rechazó totalmente porque “ya no se justifica, estoy feliz y gozosamente inseminada por ti, mi primer hombre, mi único amor…”.
Había casi cuatro años de diferencia de edad entre nosotros, y me asombraba su lucidez y madurez mental. Recordé su comentario sobre el período de ovulación cuando tuvimos la primera relación, dos días atrás, y con lo que me dijo no entendía si hacía referencia a la gran posibilidad de quedar embarazada, o que “percibía” que había comenzado con la gestación.
De cualquier forma, todo ocurrió de modo extrañamente acelerado, y de un día para el otro le noté otro brillo en la mirada, mayor tersura y suavidad en su piel, y una fragancia hormonal que emanaba de todo su cuerpo que me excitaba y mareaba a la vez.
Me di cuenta de que nuestras relaciones no fueron meras uniones sexuales. Desde la primera vez fueron entregas totales en cuerpo y alma. Y me vinieron a la mente las sorprendentes imágenes de las serpientes o víboras que surgieron como ondas de energía de nuestros cuerpos, entrelazándose y fundiéndose en un estallido de luz que nos desvaneció.
-Juan, mi amor, tú sabes qué significa Cancún?
-Supongo que será alguna referencia a la forma del territorio o de sus playas, especiales para el turismo...
-Proviene de los antiguos y desaparecidos mayas, de las palabras kaan kun: olla, recipiente o nido de serpientes o víboras…

LXIII
El viernes fuimos hambrientos a cenar en el comedor del hotel, luego de estar “encerrados” todo el tiempo en la habitación. En otra mesa esperaban también el servicio dos parejas de nuestra edad. Después de intercambiar miradas, uno de los varones se acercó y preguntó en inglés si queríamos compartir con ellos.
Una pareja era de holandeses, y la otra de franceses, también de enamorados como nosotros. La conversación común era en inglés, y cuando hablaban entre ellos en sus respectivos idiomas, entendía muy bien a los franceses. Escuché que compartían una relación y amor muy parecido al nuestro; y por las evidentes expresiones, también los holandeses. Por ese motivo, los demás integrantes de sus grupos turísticos prefirieron alojarse en hoteles céntricos cerca del bullicio diurno y nocturno, y dejar que ellos disfrutaran sus intimidades más cerca de la playa.
Luego de intercambiar comentarios sobre los viajes, experiencias y otros temas propios de nuestra edad, incluyendo algunas intimidades entre las mujeres, Eva aludió a su gran interés por la antropología y la influencia de los astros sobre la naturaleza, los animales y el ser humano.
Como si fuera una sacerdotisa que contaba un gran secreto, comentó que pensaba invitarme a hacer una vigilia en la playa a la luz de la Luna llena, que casualmente se daba el sábado a la noche, y esperar la salida o surgimiento del Sol del domingo en el horizonte marítimo para manifestarme su gran amor…

LXIV
Mientras yo quedaba sorprendido por la propuesta, las otras dos parejas asimilaron de inmediato y con creciente entusiasmo la idea. En principio me pareció un rito pagano, de adoradores de dioses propios de los aborígenes y de culturas politeístas; y también impropio de la misma Eva. Luego lo tomé como una diversión más de un fin de semana especial. Finalmente, consideré que deseaba tener cualquier tipo de influencia que reforzara el creciente, extraño y extraordinario amor que ya sentía por Eva.
Acordamos hacer los preparativos el sábado por la tarde.
Las otras parejas comentaron el proyecto a los integrantes de los respectivos grupos turísticos, quienes decidieron por mayoría encargarse de la organización total de nuestras “bodas” o compromisos de amor. Llegaron a “amenazarnos” para que nos encerremos el sábado a la noche en nuestras habitaciones hasta las tres de la madrugada, hora en que ellos nos buscarían para iniciar la vigilia nocturna.

LXV
Los seis enamorados nos encontramos el sábado para cenar, y fuimos luego a nuestras respectivas habitaciones. Con Eva experimentamos nuevamente el extraño fenómeno de la energía interior. Descubrí además el poder e influencia que ella tenía al desarrollar plenamente toda su sensibilidad femenina, su sensualidad amorosa, y su sexualidad explosiva y coincidente con la mía.
A las tres de la madrugada nos buscaron y llevaron a la playa. Sólo había tres parejas de mediana edad, junto a una pequeña fogata. Sentimos un poco de desilusión por la pobreza de la “ceremonia”. Pidieron que nos desvistamos totalmente. De una bolsa sacaron dos mantos de color naranja y se los pusieron a la pareja de holandeses, cubriéndolos desde el cuello hasta los pies. De otra, mantos de color azul Francia, con los que cubrieron la desnudez de los franceses. Finalmente, blancos con una estrella azul en la espalda para Eva, y con un círculo amarillo del Sol para mí.
De pronto comenzaron a aparecer los restantes viajeros con velas de distintos tamaños y características, que encendían en la fogata para ir formando un círculo alrededor nuestro.
Luego se abrió el círculo y comenzaron a caminar por la playa con las velas encendidas y bajo la luz de la Luna llena, indicándonos a los seis que los siguiéramos. Llegamos al extremo más oriental de la playa de Cancún, donde encendieron con sus velas una gran cantidad de leña para una notable fogata, supuestamente con permiso de las autoridades.
Nos hicieron sentar sobre sábanas extendidas en la arena, y con distintos instrumentos comenzaron a interpretar y cantar diversos temas sobre el amor, mientras tomaban y nos invitaban licores espirituosos y prendían cigarrillos y habanos, para la vigilia nocturna. Se veían todas las velas encendidas en un extenso sector de la playa.

LXVI
Cuando apareció el primer fulgor sobre el horizonte marítimo, en el este, se hizo un silencio total. Sólo se escuchaban los golpes y el rotar de las olas. Nos hicieron levantar y ubicarnos a la orilla del mar, a unos 20 metros de distancia entre cada pareja.
Al asomar el borde del Sol, nos quitaron los mantos que acomodaron sobre la arena con nuestras vestimentas encima, para poder usarlas luego. Nos indicaron que ingresemos completamente desnudos al océano hasta cubrirnos la cintura, mientras ellos apagaban sus velas con el agua del mar y se retiraban del lugar.
Quedamos mirándonos entre las tres parejas, todos abrumados por la sorpresiva y extraña soledad; sin otras personas, sin música, sin voces, sin risas, sin cuchicheos. Sólo acompañados con los sonidos de la naturaleza y del silencio.
El Sol comenzó a estirarse para despegar de la línea del horizonte. Sentíamos ya sus rayos que lamían suavemente nuestra piel, y luego las olas del mar que nos limpiaban y refrescaban.
Nos desconectamos de las otras dos parejas. Con Eva nos abrazamos fuerte y juntamos las puntas de nuestras narices para mirarnos profundo a los ojos.
-Juan, te amo y te amaré por siempre con toda mi alma…
-Eva, te amo y te amaré por siempre con toda mi alma…
El Sol tuvo una de las explosiones más fuertes e intensas, y sentimos que nos abrazaba el calor, aunque sin llegar a quemarnos porque de inmediato nos protegieron las olas del mar…

LXVII
El lunes a la mañana nos despertamos en la misma habitación del hotel de México DF. Decidimos compartir todo, ya que estábamos comprometidos y “casados”. Yo fui a la multinacional para iniciar el curso de capacitación, y Eva a la biblioteca. Ella estaba esperándome a la salida, después del mediodía, y me acosaba con besos y caricias; la notaba muy sensible y mimosa.
Cuando llegábamos al hotel, pasamos frente al hombre que pedía limosnas, sentado en la vereda con un cartel de sordomudo.
-Vamos rápido, Eva…
-¿Tú también quieres llegar para que hagamos…
-Hola Juan. Sí, soy yo. No te asustes ni te preocupes porque soy sordomudo pero podemos hablar y escucharnos. Tampoco te hagas problemas por el tiempo ni el espacio. Justamente es tiempo de transmitirte un mensaje, y de que tomes tu lugar en el espacio. Este mensaje comenzarás a difundirlo a partir del año 2008 de ustedes…
-¿Qué relación tiene con un viejo ciego que también me habló con misterios?
-El fue el primero y te anticipó las últimas revelaciones. Yo soy el último y te revelaré lo primero.
-Pero ahora tengo que seguir…
-Sí podrás seguir, hasta que llegue el tiempo de ocupar tu espacio. Aprovecha al máximo tu amor con Eva, que ella te ama y te adora, como adora la Madre Naturaleza a sus hijos. Y también como Eva ama a sus propios hijos, varón y mujer, que lleva ya en su vientre gestados contigo. Lamento anticiparte que cuando Eva llegue a su muerte, simbolizará el comienzo del fin del extraordinario poder de las hembras humanas, y de la Madre Naturaleza. Y el deceso de tus dos hijos, simbolizará el comienzo del fin de los animales humanos como tal, como son actualmente…
Lo que te anticipó el “viejo ciego”, como tú dices, y que te será revelado en una segunda oportunidad, es que el rompimiento del “Sexto Sello” de la denominación griega “Apocalypsis” o “Gran Revelación” comenzará a fines del año 2007 de ustedes, y finalizará en 2040. Ocurrirán hechos muy importantes antes y a partir del año 2013, luego de la alineación cósmica señalada ya por los antiguos mayas para el 21 y 22 de diciembre de 2012; y hasta el año 2020 de ustedes. Desde esta fecha y hasta 2040, por un período de 20 años, ni siquiera nosotros sabemos qué pasará, porque aparece como de tiniebla total, como un manto de negra profundidad, que sólo nuestro Ser Superior conoce.

LXVIII
El “hombre” siguió con su revelación. Dijo que el Universo y/o el Cosmos está estructurado con principios “macro-matemáticos”, complementados con datos, signos y/o elementos “macro-químicos” y “macro-físicos”. Estos principios, datos, signos y/o elementos, convenientemente ordenados y estructurados por una “Voluntad Superior”, configuran las “Informaciones Constitutivas” de todas las cosas que existen, y se transforman además en múltiples y diversos “Mensajes de Vida”. En ese contexto y dentro de los principios “macro-matemáticos”, la “Voluntad Superior” se maneja entre los números “0”, símbolo de “la nada”, y el “1”, símbolo de “el todo”. Este es el primer principio para que se establezca la “Dualidad Orgánica” o “Dualidad Divina” presente en todo lo que existe.
Para que estos “Mensajes de Vida” tengan efecto, necesitan recibir determinados tipos de “energía”, que provienen del mismo “Sistema Cósmico”, y que a su vez son una especial combinación de los principios físico-matemáticos y químicos. Los reinos vegetal y animal están constituidos por diversos “Mensajes de Vida” con sus respectivas energías.
El animal humano como “Mensaje de Vida” posee siete centros de energía especial, los cuales deben estar conectados, coordinados y con un funcionamiento orgánico y armónico para que desarrolle su “vida” con eficacia y eficiencia. Cuando ocurre alguna activación o intercambio entre los centros energéticos, se produce una corriente extraordinaria que puede alcanzar límites insospechados. Cuando fallan, disminuyen o se transforman algunos o varios de esos centros energéticos, ocurren desequilibrios que denominamos enfermedades y afectan a todo el “Mensaje de Vida”. Si el desequilibrio energético es total, se apagan los centros energéticos contenidos en ese “Mensaje de Vida”, que “muere” y se transforma en “Información Constitutiva” inorgánica, porque a su vez la energía especial vuelve a formar parte de la “Energía Cósmica” y puede tener o no la posibilidad de reciclarse o perderse en el Universo.

LXIX
La “Información Constitutiva Cósmica” se manifiesta por lo general en un sistema universal circular, y que puede en ciertos casos determinar o derivar en algunos sistemas planos. En cambio la “Información o Mensaje de Vida”, al contener “Energía Cósmica” se activa y se mueve de distintas formas y en diversas direcciones y sentidos. Ese tipo de energía cósmica especial trasciende a nuestros sentidos, como tampoco podemos ver ni tocar las simples ondas radiales, televisivas y tantas otras manifestaciones energéticas.
En el “Universo Cósmico”, así como existen infinitas “Informaciones Constitutivas”, también existen incalculables “Mensajes de Vida”, que poseen distintas formas, características y condiciones. Por estas diferentes y especiales circunstancias, también poseen diversas capacidades para adaptarse a sus propios “espacios”, y para desarrollarse en sus propios “tiempos”.
Existen por lo tanto en todo el Universo “Mensajes de Vida” que, en función de las características de sus “Centros de Energía Cósmica” y de cómo funcionan entre sí, logran trascender a sus propios “espacios” y también superar sus propios “tiempos”. Son los que consiguen dominio, poder circular en lo redondo o en lo plano, manejarse en los distintos tiempos y espacios del “Universo Cósmico”. SON LOS QUE TIENEN VIDA ETERNA.

LXX
El reino animal y vegetal que conocemos, y por ende los animales humanos como “Mensajes de Vida”, están limitados por sus propios espacios y tiempos, a los que tienen que adaptarse. En ese sentido, además de los centros energéticos poseen sistemas orgánicos definidos por “Informaciones Constitutivas” propias, que se transmiten en distintas generaciones temporales y espaciales mediante códigos, barras, mapas o sellos genéticos.
En sus sistemas orgánicos hay elementos de fundamental importancia, como la sangre. Esta contiene, entre otras importantes partículas, los glóbulos rojos, que toman ese color por el hierro que contienen y al que se adhiere a su vez el oxígeno necesario para el funcionamiento del sistema orgánico. Todo porque el animal humano vive en un espacio limitado y en un tiempo determinado, y necesita elementos como el oxígeno, el agua, el hierro y muchos otros. Eso determina también que el oxígeno cumpla una función oxidante de esos elementos, y produzca el envejecimiento natural y progresivo del organismo.
Los que constituyen “Mensajes de Vida” que no están limitados por la relación de espacio y tiempo, y que tienen “vida eterna” en el “Universo Cósmico”, no necesitan todos los elementos que sí necesita el animal humano. No necesitan el hierro, ni el oxígeno, ni el agua, ni muchos otros elementos o “Informaciones Constitutivas” propias de nuestro espacio y tiempo. Por lo tanto, no tienen la “roja sangre” nuestra, y si otras sustancias necesarias para el funcionamiento orgánico propio. Ese fluido propio aparenta tener, para la vista del animal humano, un suave color azul violáceo… Es la “sangre divina”, la sangre de los dioses, la que los históricos alquimistas buscaban tratando de eliminar el hierro o el oxígeno, la “sangre real” o “sangrial”, el “Santo Grial”…

LXXI
En el Universo Cósmico, el planeta Tierra es minúsculo e insignificante. Teóricamente, no tendría trascendencia ni se justificaría nuestra existencia. Nosotros, como animales humanos, nos consideramos importantes. Sorprendentemente,  otros “Mensajes de Vida” sí nos toman en cuenta. Son las “Informaciones o Mensajes de Vida” que tienen “vida eterna”…
En toda la existencia del animal humano se dieron ciclos idénticos. Desde las filosofías y culturas más antiguas hubo dioses, semidioses, profetas, mesías, iluminados, magos, hechiceros; e incluso las versiones femeninas de todos ellos, muchas de las cuales gozaban de poder real, verdadero y efectivo. El verdadero secreto está en que se necesita la conjunción de ambas “Informaciones de Vida”, de la “dualidad sexual” para que se logre alcanzar cualquier dimensión cósmica, además de la reproducción y subsistencia de la especie. Sólo algunos animales humanos que lograron la conjunción de la “dualidad sexual”, se acercaron al conocimiento de la “Dualidad Divina”.
Adán y Eva no fueron los primeros animales humanos, ni tampoco cometieron el fantasioso “pecado original”. En otras filosofías muchísimo más antiguas hubo otros Adán y Eva que tenían otros nombres y que fueron considerados dioses por los conocimientos, beneficios y legados que dejaron. En realidad, todos ellos alcanzaron la bendición de la “Dualidad Divina”.
En estos últimos tiempos comenzarán a “revelarse” las verdades, que algunas filosofías o religiones, especialmente las orientales, no ocultaron en su mayoría. Y las que sí lo hicieron a propósito con fines inconfesables, serán destruidas, como ocurrirá con “la gran casa del in-fierno”, cuyo símbolo ya contiene la predicción: la “P” porque será partida por la mitad, y la “X” que señala su centro porque está marcada para recibir el fuego desde abajo y desde arriba…

LXXII
Todo eso me reveló el “sordomudo”…
-¿… también quieres llegar para que hagamos el amor?, terminé de escuchar que me preguntaba Eva…
Me sentía mareado. Como si hubiera despertado de un sueño. Abracé a Eva y seguimos caminando. Antes de entrar al hotel volví la mirada a la vereda, adonde estaba el “sordomudo”. No había nadie…
Ya en la habitación y por primera vez, yo sorprendí a Eva con mi deseo y necesidad de abrazarla, acariciarla, besarla, mimarla, de hablarle y decirle piropos al oído mientras recorría con mi boca sus orejas y su cuello. También le besaba insistentemente su vientre, que era achatado y con una pequeña y excitante elevación coronada por su “pupo”.
-Vamos a tener dos bebés…, le dije.
-¡Qué sabes tú!
-Lo sé. Me lo contaron.
-¡Anda, vete a dormir, que estás soñando!
-¿Vos no quieres?
-¡Pues claro que quisiera, pero no ahora. Mis padres me matan!
Y comenzó a llorar desconsoladamente. Me asusté en un principio hasta que logré calmarla. Entre hipos mezclados con su llanto me dijo que ya lo presentía desde el primer momento en que tuvimos relaciones. Que su sentimiento interior era de gozo y felicidad, por la sensación de plenitud que le causaba, y el sorpresivo y extraordinario amor que alcanzó por mí en tan poco tiempo, en escasos días. Pero que recién ahora sentía temor por las consecuencias y reacciones familiares.
Por mi parte estaba inundado de un calor que me quemaba por dentro y por fuera. La miraba sollozar y sentía sus miedos.
-Eva, corazón, vos sos ahora mi nueva vida. Te amo con todo mi ser. Desde que te vi en el aeropuerto, he sentido que cambiaba todo para mí. No te preocupes. Ya estamos unidos y no nos separaremos. Ahora seremos cuatro y lo anunciaremos también a los cuatro vientos…
-¿Cómo lo sabes tú?
-Me lo anunciaron. Es algo extraño… Me dijeron que eran varón y mujer… Entre otras cosas raras…
-¿Y qué sientes tú?
-¡Que estoy loco por vos, y por nuestros bebés…!!! Vení, bailemos, y riamos, y festejemos, y gritemos, y saltemos, y tomemos, y comamos, y hagamos el amor, y…

LXXIII
Ya era 21 de diciembre de 2001. Comienzo del invierno en el hemisferio Norte, donde yo estaba; y del verano en el Sur, donde estaban mis padres y mi hermana. Los astros y sistemas planetarios también hicieron sus propios cambios, y tomaban nuevos rumbos en el Universo Cósmico.
La Argentina había terminado de “incendiarse”, y el ex presidente Fernando De la Rúa se había marchado de la Casa Rosada pisando y haciendo volar las cenizas de su gobierno. Se había cumplido otra etapa desgarrante en la historia del país, que se sumaba a las anteriores de crisis institucionales y gobiernos militares. Por sus características, las revueltas sociales causaron asombro en todo el mundo. Y como en todo acto de perfiles revolucionarios, también hubo víctimas. Mientras estuve esos días con Eva, presté poca atención a las noticias, y me informaba más con las versiones de mi padre.
El ya me había comentado que había acordado viajar a México, pero con el intento de secuestro de Flor y la caótica situación argentina tuvo que cancelar todo. Que mamá y Flor, una vez recuperadas de sus lesiones y traumas, viajarían a España a mediados o fines de enero para quedarse con nuestros familiares, y luego me buscaría para acompañarme y orientarme algunos días en mis primeras tareas. El debía volver Buenos Aires para liquidar todos los asuntos, y recién entonces se iría a España.
Esa tarde me comuniqué con mis padres, como lo hacía todos los días, pero recién entonces les conté sobre Eva. Aunque nada dije sobre el “anunciado doble embarazo”, porque en realidad no lo habíamos confirmado con consulta médica ni análisis clínico.
Lamentaban que no pudiéramos estar juntos para los festejos de Navidad y Año Nuevo, y se alegraron con la noticia de mi nueva “amistad”. Flor me mandó un abrazo de oso y un beso de sopapa, y me auguró mucho amor con mi “nueva novia”, destacando que siempre sería mejor que mi ex “dulce Melisa”, a quien nunca aceptó personalmente.
Por su parte, Eva también les informó a sus padres, que continuaban en Miami, sobre la nueva relación que había iniciado, destacándome como si fuera un “dios del Olimpo”. Le pidieron que volviera cuanto antes para aclarar bien el tema, y porque debían regresar a Texas.

LXXIV
Como en México se suspendían los cursos de capacitación de la multinacional hasta después de los festejos de Fin de Año, volvimos juntos a Miami.
Resultó un verdadero drama. Me presentó a sus padres, quienes me aceptaron con reservas. Nos controlaban permanentemente, en especial su madre católica, quien suponía que se mantenía vigente la promesa de castidad de Eva.
Hasta cierto punto entendía y aceptaba la posición de ellos, pero nos desesperaba la necesidad de estar juntos como estuvimos en México. Al considerar que estaba “solo” en Miami aceptaron que pasara con ellos Navidad y Fin de Año. Tuve que convencer a mi amiga del departamento con la cruda verdad de mi fulminante enamoramiento para que cortáramos la relación.
Buscábamos con Eva de estar juntos el mayor tiempo posible. Inventábamos excusas para nuestros encuentros amorosos. Hasta que llegó la primera semana de enero, y debían emprender el regreso a Texas.
Propuse un argumento para viajar por unos días con ellos, pero lo rechazaron. Le dije a Eva que lo mismo iría de incógnito unos días después, sin que supieran los padres. Le pedí que nos mantuviéramos en contacto permanente mientras tanto.
Intercambiamos todo tipo de objetos para sentirnos cerca uno de otro. En el aeropuerto buscamos rincones para abrazarnos y besarnos. Nos apretábamos fuerte. Nos olíamos para después cerrar los ojos y pretender que seguíamos juntos. Nos recorríamos centímetro a centímetro de piel con la idea de que se quedara cada célula impregnada mutuamente. Hasta pensamos en fugarnos a último momento.
No hubo caso…
Se fueron…
Aunque pensaba que la volvería a ver pronto, comencé a morir… de amor…

LXXV
Horas después de la partida la llamé a su celular. Conversamos como si hubieran transcurrido años de no vernos.
Al día siguiente a la mañana. A la tarde.
Al otro día a la mañana. A la tarde.
Quedamos en que la llamaría al día siguiente para coordinar mi viaje.
La llamé al día siguiente a la mañana. No contestó.
Insistí por varias horas. No contestaba.
Busqué los teléfonos de los padres.
Llamé y me atendió una mujer con voz parecida a la de la madre de Eva. Era profunda y desgarrante…
-Buen día señora, soy Juan. ¿Se encuentra Eva?
-Juan. Hubo un accidente y Eva murió…
-……..
-No…
-N o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o h h h h h h h h h h h h h h h h h . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

LXXVI
-Juan…
-Juan, despertá… Reacciona, hijo… Contéstame…
-Sí, pa…
-¿Por qué no respondes a los llamados? Es lamentable la muerte de tu novia, pero no puedes dejarte caer así. No viajaste a México para completar los cursos. Los de la oficina de Miami de la empresa te fueron a buscar al departamento y no atendía nadie. Están esperando que comiences con tus tareas. Eres joven y puedes encontrar otra novia…
-Sí, pa…
-Escucha… Aquí la situación política, económica y social es de caos total. Decidimos adelantar el viaje a España de tu madre y de Flor. Salen en un vuelo pasado mañana, y horas después viajo yo a buscarte. Levántate… No te quedes así, tirado, sin voluntad…
-Sí, pa…

LXXVII
-Señor, usted es el encargado del edificio? Necesito que me abra la puerta de un departamento en el tercer piso, porque mi hijo no responde a los llamados…
-…
-Juan… Hijo, soy yo, reacciona…
-Por favor, me ayuda a bajarlo para llevarlo a un centro médico…

LXXVIII
-Señorita, necesito urgente un médico… Mi hijo no reacciona…
-Puede acostarlo en la camilla de aquella sala… Ya lo atiende un médico…
-…
-Lo siento, señor. No tiene pulso, no late su corazón. Es muy extraño, pero parece que se hubiera deshidratado por completo. Está sin vida… Puede quedarse a su lado por un rato, pero hay que trasladar el cuerpo mientras se completan los informes…

LXXIX
Parecía como blanca niebla que se disipaba lentamente. Algunas imágenes fueron dibujándose en un espacio amplio y totalmente circular, ya que podía mirar en todas las direcciones, adelante, atrás y a los costados.
Veía mi propio cuerpo sobre una camilla, y a mi padre al costado, sosteniendo mi brazo izquierdo mientras sus lágrimas caían sobre la palma de mi mano.
Sentía escalofrío mientras esas lágrimas penetraban en mi cuerpo inmóvil y comenzaban a recorrer venas y arterias, como ríos de vital energía.
Podía observar ese fluido en constante aumento y en todo su recorrido a través de mis órganos y miembros. No era rojo. Tenía un suave color azul violáceo…

LXXX
Sentía mucha pesadez en todo el cuerpo.
Con gran dificultad comencé a mover los párpados.
Al abrir los ojos, pude observar a mi padre con sus labios apoyados en la palma de mi mano, mientras seguían cayendo sus lágrimas.
Primera vez que vi llorar a mi padre.
Y lloraba por mí…

FIN LIBRO I
LA HIGUERA Y EL APOCALYPSIS