miércoles, 16 de mayo de 2012

LOS HERMANOS SCHOKLENDER



Historia de los hermanos
condenados por matar a sus padres,
en su paso por Tucumán
(Relato basado en mi propia
investigación periodística)

El bárbaro asesinato del matrimonio Schoklender, ocurrido en 1981, se constituyó en uno de los casos criminológicos más resonantes de la Argentina.
Los hijos Sergio y Pablo fueron perseguidos, acusados y condenados.
Ambos estuvieron en la provincia de Tucumán en distintas circunstancias: el primero por trabajo, y el segundo fue apresado durante su intento de fuga en la localidad de Ranchillos.

Desde esa época Sergio y Pablo Schoklender se transformaron en fuente de noticias. Por la espectacular fuga y captura de ambos, las condenas que les dictaron los tribunales judiciales, amenazas de suicidio, huelgas de hambre o libros que escribieron, los hermanos captaron periódicamente la atención de la gente, ávida por conocer las variantes y características de uno de los casos más resonantes del historial criminológico argentino.
Los dos tuvieron que ver con Tucumán, antes y después del homicidio del ingeniero industrial Mauricio Schoklender y su esposa Cristina Silva. Sergio porque un año antes del doble crimen estuvo viviendo y trabajando en la provincia, además de mantener un romance con una joven norteamericana que supuestamente le había prohibido su padre; y Pablo fue capturado cuando hizo escala en este territorio con la idea de escapar hacia el norte y luego a Brasil.
El doble homicidio (por el que los hermanos alegaron su inocencia pese a las actuaciones judiciales y condenas como parricidas) ocurrió en la madrugada del 31 de mayo de 1981, en un departamento de 3 de Febrero 1.840 de Belgrano, en Buenos Aires.
La noche anterior la familia había festejado los 23 años de Sergio en un restaurante de la Costanera Norte. Estaban el cumpleañero con el padre, la madre, y la hermana con su novio. Pablo no. Supuestamente se había retirado tiempo antes del hogar familiar, cansado de los reiterados intentos de acoso sexual de su madre.
De regreso al departamento se desencadenaron los sucesos, cuyos orígenes se remontarían a los oscuros negociados con armamentos en los que habría participado el ingeniero Schoklender, sumado al acoso sexual de la madre con Pablo, quien habría vuelto esa noche para saludar a su hermano. La hermana menor Ana Valeria se habría retirado del restaurante con su novio.
Los cuerpos sangrantes del matrimonio Schoklender habían sido colocados en el baúl de un Dodge Polara de la familia. El vehículo con los cadáveres fue encontrado por un goteo de sangre que advirtieron unos niños el 3 de junio, en Coronel Díaz al 2.400 esquina Las Heras de la ciudad de Buenos Aires. Cerca de donde apareció años antes el cuerpo sustraído del cementerio de Pedro Eugenio Aramburu.
Con dólares que pidieron a un amigo del padre, el mismo 31 de mayo los hermanos iniciaron una sospechosa fuga que los llevó a Mar del Plata, donde se separaron ante el asedio policial. En uno de sus libros Sergio destacó que se había entregado a la policía el 4 de junio a la madrugada, al ver que no tenía escapatoria. Pablo, quien había viajado a Tucumán e inició una travesía equina, cayó el mismo día a la tarde en Ranchillos. Desde entonces comenzaron a tejerse variadas historias sobre la familia, de la que estuvo excluida la hermana menor Ana Valeria, quien tiempo después consiguió autorización para cambiar de apellido.
Pablo comenzó a enviarle notas con su historia a un periodista y surgió el libro “Yo, Pablo”, que motivó la película “Pasajeros de una pesadilla”. Sergio presentó “Esta es mi verdad”, y después su libro “Infierno y resurrección”, con un relato sobre el sistema carcelario, en el que prometía revelar secretos cuando liberaran a Pablo.

VIDA, TRABAJO Y ROMANCE DE SERGIO
Sergio Mauricio Schoklender tenía unos 22 años cuando a comienzos de 1980 llegó a Tucumán. Trabajó algunos meses como supervisor de cosecha en Tucumán Citrus SA, ubicada en el kilómetro 12,5 de la ruta 305, antes de la localidad de El Timbó.
La empresa, ubicada más exactamente en el lugar conocido como Granja Modelo, pasó a denominarse en esa época Citrex. La accionista mayoritaria era la firma Pittsburgh, para la cual trabajaba el ingeniero Schoklender.
Se alojó en un departamento en Corrientes 515 de la capital tucumana, que compartía con Ricardo Quest, de su misma edad y también supervisor de la citrícola. Según relato de este joven (quien al poco tiempo regresó con sus padres a Buenos Aires), en una oportunidad discutieron y se trenzaron en una pelea porque había abierto una correspondencia de Sergio, sin suponer que podía afectarlo tanto. Desde entonces se cortó la amistad, aunque seguían compartiendo vivienda.
Antes del ´80 Sergio estuvo trabajando en otra citrícola de Misiones, y su padre habría dispuesto el traslado a Tucumán para dificultar el noviazgo con una joven de Estados Unidos, hija de un músico. Al parecer, el ingeniero se oponía al casamiento de Sergio y lo obligó a conseguirse su sustento.
La joven llegó en una oportunidad a Tucumán, y como no podía alojarse en el departamento del barrio Norte, ambos se instalaron por más de 15 días en un hotel (Petit) de Crisóstomo Alvarez al 700.
“Era una chica rubia y bonita de unos 20 años, y cuando llegaba con Sergio se sentaban en una mesa a bromear con los conocidos”, destacó José Luis Medrano, encargado entonces del bar Texas, que funcionaba en Corrientes 512, y adonde el joven concurría siempre después del trabajo.
“Sergio siempre tuvo un buen nivel de conducta”, destacó Medrano. “Le gustaba mucho la música, especialmente el jazz, y un domingo de abril me pidió que lo acompañe al teatro San Martín a escuchar a un conjunto norteamericano. Le gustaban los deportes y practicaba mucho artes marciales, además de natación. Una vez quiso cruzar a nado el lago del dique El Cadillal”, agregó. También que Sergio le había comentado que “intentó caminar sobre las brasas en una noche de San Juan, sin conseguirlo”.
“En esa época logró establecer una gran amistad con un escribano de apellido Padilla Antoni, quien escuchaba pacientemente los comentarios de Sergio y le daba consejos. En su libro “Esta es mi verdad” creo que lo mencionó”, finalizó Medrano.
En cuanto a su trabajo, el compañero de departamento destacó que a mediados de 1980 comenzaron a surgir problemas entre Sergio y sus superiores, por lo que éstos pidieron su traslado. A veces faltaba al trabajo sin justificarse, o se rebelaba cuando le daban órdenes que no le parecían convenientes. También dijo que leía a Freud, “quizás para conseguir alguna explicación de su propio yo”.

TRAVESIA EQUINA DE LOS HERMANOS
            En un libro Sergio destacó que al iniciar con su hermano la fuga luego de ocurrido el doble homicidio, pretendían llegar a Brasil, donde “había gente que nos guardaría”. Pero al verse cercados fueron a Mar del Plata, donde “buscaban a dos muchachos jóvenes”, por lo que no tuvieron otra alternativa que separarse.
            Fue así que Pablo Guillermo tomó un ómnibus que lo llevó a Rosario, y allí subió a un tren del ferrocarril Mitre rumbo a Tucumán. En 1980 había estado unos días en esa provincia visitando a su hermano que trabajaba en la citrícola. Quizás el recuerdo de esos momentos compartidos lo indujeron a tomar ese rumbo, con la idea de seguir viaje al norte para salir del país y llegar luego a Brasil.
            De la estación local de trenes fue a la terminal de ómnibus de El Bajo, y preguntó a unos taxistas dónde podía conseguir un caballo, con la idea de iniciar una travesía equina hacia la frontera. En Mar del Plata, Sergio había adquirido también un caballo y vestimentas gauchescas, al observar que pese a los operativos policiales en su búsqueda, “los paisanos cruzaban tranquilamente a caballo, sin llamar la atención”.
            Pero Pablo, confundido quizás por el taxista que lo acompañó a comprar el caballo, en vez de marchar al norte se dirigió a campo traviesa al sureste, hasta llegar a la localidad de Ranchillos.
            Al llegar la noche y cuando lo apretaba el hambre y el frío, en una vivienda de la zona pidió alojamiento. Los lugareños le ofrecieron comida y una cama. Al día siguiente, 4 de junio, continuó deambulando por la zona sin lograr retomar el rumbo correcto.
            Al advertir que con el caballo era imposible continuar la fuga, decidió venderlo. Comenzó a transitar por distintas calles de Ranchillos, incluso por el frente de la comisaría, y ofrecía el equino a los vecinos que tenían carruajes de tracción a sangre.
            Finalmente intentó negociar el animal con un gitano. Pero éste entró en sospechas al observar el tono de voz y modales del joven, por lo que lo denunció en la comisaría.
            El joven se identificó con un documento a nombre de Claudio Javier Fogel. Como las señas no coincidían, los policías lo interrogaron y confesó: “Yo soy Pablo Guillermo Schoklender” (su libro: “Yo, Pablo”).


Relato literario breve


JINETES SIN RUMBO


Los cadáveres habían sido encontrados por un hilo de sangre que goteaba del baúl de un auto, estacionado en una calle de Buenos Aires.
Comenzaron a buscar a una pareja de muchachos jóvenes. Sus hijos.
Los hermanos sean unidos... Pero en Mar del Plata tuvieron que separarse. El plan de viajar juntos a Brasil, donde alguien los podía proteger, debía cambiar.

II
Pablo se fue en un ómnibus.
Sergio se vistió de gaucho y montó un caballo. Había observado que los paisanos circulaban tranquilamente por el campo sin que la policía los moleste.
Pero su mundo se derrumbó. Se le cortaron los estribos del alma y se entregó a la mañana siguiente.

III
Pablo llegó a Rosario y en un tren viajó a Tucumán, donde ya había estado visitando a su hermano Sergio cuando éste trabajaba en una citrícola.
¡Pero qué tiempos y circunstancias tan distintas! ¿Qué hacer? Igual que el hermano.
Con un caballo podía pasar desapercibido, llegar a la frontera y seguir hasta Brasil. ¡Semejante travesía!

IV
De la estación de trenes a la zona de El Bajo. Un taxista le ayudó a conseguir el caballo.
Pero en vez de marchar hacia el norte se dirigió a campo traviesa al sudeste, hasta llegar a Ranchillos.
Llegó la noche, apretaba el hambre y el frío. Una familia lugareña le dio comida y cama, como se acostumbra en esos pagos...

V
El 4 de junio a la mañana Sergio había “desensillado” en Mar del Plata.
Pablo amaneció en Ranchillos, entre campesinos, tratando de buscar su Norte esquivo, de seguir su rumbo.
Su equino estaba descansado, presto para la montura.
Comenzó a deambular sin encontrar los puntos cardinales.
Buscaba ideas, pero en su mente sólo había imágenes congeladas, recientes y desgarradoras.
Se sentía como el “Pasajero de una pesadilla”.

VI
Decidió vender el animal. No le servía para su objetivo.
“Allá se lo pueden comprar. Pasando la comisaría, a una cuadra”. “Al otro lado de la comisaría Don Fulano reparte pan y necesita uno”.
Finalmente, cerca de la comisaría, intentó negociarlo con un gitano.

VII
Vida vagabunda la del gitano. Geografía errática. Cultura especial.
Completamente distinta a la del griego o romano, encadenado a su polis o su paterfamilias.
Por eso advierte cuando alguien no encaja con el entorno...

VIII
“A ver, agente; deje ese mate en paz y vaya a buscar a un sospechoso. Según el gitano es un porteño blanquito y pintón que anda queriendo vender un matungo”.
“Muchacho, qué andás buscando. ¿Tenés documento? Vamos a ver... ¡Pero este Claudio Javier F... que figura aquí no se parece a vos!”.
“Yo soy Pablo Guillermo Schoklender”.

IX
También el 4 de junio, a la siesta, en Ranchillos, tuvo que desensillar...